En la casa de Josu permanecían Xena y Tía Paua, intentaban adecuar la misma para poder pasar desapercibidas, limpiar un poco y tener ordenados todos los objetos que habían traído de la cueva de ella.
Permanecían en una penumbra diaria, pues el cielo siempre estaba oscurecido y no se atrevían a encender la luz, para que nadie supiera que estaban allí.
De todos modos tampoco podían encenderla pues ya hacía tiempo que el suministro eléctrico no existía, las distintas patrullas de Seres extraños que veían por la ventana se habían ocupado de destruir todo el cableado y la huida de la gente hacía cualquier refugio había dejado desatendidos todos los servicios básicos de la ciudad.
Nuestras dos amigas estaban realmente preocupadas, no sabían nada de Josu ni de Antoine, Tía Paua tenía un mal presentimiento, en su interior temía por Antoine, presentía que no estaba en esta dimensión, también sufría por Josu, pues algo le decía que estaba en serio peligro.
Ya no recibían noticias del exterior, no tenían radio, ni Televisión, estaban incomunicadas, los teléfonos fijos de la casa no iban y la gente ya no salía de casa o había huido fuera de la ciudad, sino habían sucumbido a estos seres grotescos que veían por todas partes.
Ante la naturaleza negativa de la energía que sentía Tía Paua, le dijo a Xena:- Querida, tenemos que permanecer dentro de este pentagrama de sal que voy a trazar en el suelo del comedor, pase lo que pase y oigas lo que oigas no salgas de él, presiento que vienen fuerzas oscuras que nunca he visto, no sé si esto nos protegerá, pero estamos siendo vigiladas por Seres Sombra, he visto pasar a Hombres del sombrero por las rendijas de la ventana, se están llevando las almas de todos nuestros vecinos, dentro de este pentagrama, quizás no nos detecten, voy a conjurar un hechizo de protección trazando un círculo alrededor de él, tú permanece en medio, intenta visualizar a tu querido Josu en una burbuja de color rosado, protégelo con tu intención, quizás así pueda regresar para ayudarnos.
- ¡En el nombre del Macrocosmos y el Microcosmos, lo que es arriba es abajo, la luz vence a la oscuridad, pues en la divina presencia de los doce poderes, conjuro este círculo para que ningún mal, ningún ente ni presencia pueda atravesarlo, en el nombre de Elohim, Adonai y el divino Tetragramatón, así decreto, hecho está!-dijo Tía Paua con decisión y en voz baja pero firme.
Inmediatamente el círculo de sal con el pentagrama se iluminó con una tenue luz azulada, Xena y la propia conjurante estaban dentro del mismo, un viento repentino agitó sus cabellos, era frío como el hielo, una sensación de escalofrío les recorrió la espina dorsal.
Un ruido de llaves se escuchaba en la puerta de la vivienda, Xena y Tía Paua estaban aterradas, dentro del círculo, a pesar de ser de protección, ante tanta negatividad como se sentía en el aire, no se sentían protegidas de verdad.
Oyeron como se abría la puerta y pasos de al menos dos individuos, se quedaron en silencio y a los diez segundos vieron a una figura grotesca, con joroba, cara verde con nariz aguileña que llevaba en sus brazos a una persona, ¡era Josu!, pero el miedo al ver a aquel Duende entrar con él en volandas las hizo retroceder aterradas ante esa visión.
Josu estaba desvanecido, el Duende al ver la reacción de las dos mujeres habló:- Perdón por irrumpir así, os aseguro que no vengo a haceros daño,ahora sirvo a mi Señor Antoine, estoy atado a él, Josu y yo hemos podido escapar de los Elementales Oscuros, sé que os asusto, pero estoy aquí para ayudaros, al igual que he hecho con mi amo, debemos atender a Josu, yo estoy herido y no sé cuanto voy a poder aguantar, necesito agua, medicina, estoy perdiendo mi esencia elemental, esos seres me atacaron y agggghhh-.
En esos momentos el Duende soltó a Josu y cayeron los dos al suelo, inertes; Tía Paua intentó coger a Josu para meterlo en el círculo, lo hizo así e intentó zarandearle para ver si despertaba, tras un minuto haciéndolo, este abrió los ojos y preguntó: -¿Qué ha pasado?, ¿Donde estoy?.
-Estás en tu casa, Josu, un Duende te ha traído hasta aquí, no sé que os ha ocurrido, pero yo no me fio de este individuo, dice que te ha salvado- le dijo Xena.
Tia Paua también asintió, pero Josu les contó lo ocurrido en casa de Antoine, estaba apenado por no haber podido traer la comida, también como habían encontrado al Duende, lo que les había pasado, cómo le había devuelto el Tetragramatón con la gema del desierto a Antoine, la huida con los víveres y el encuentro con el Ser Elemental Oscuro, la lucha de Antoine y su posterior desaparición, la suerte que tuvieron al huir del mismo gracias a la velocidad del Duende.
Tanto él, como su nuevo compañero estaban heridos, no traían comida y en su casa no había gran cosa para poder curarlos, aún así transcurrido un tiempo prudencial Tía Paua deshizo el conjuro y salió del círculo de sal para coger alguna venda, agua y un linimento que había en el baño para curarles.
Nuestro amigo Duende estaba volviéndose translúcido, parecía que su materia se estaba desvaneciendo, eso no era bueno, posiblemente en unas horas desaparecería, en uno de los momentos que estaba lúcido, mirando a Xena dijo:- Mi señora, usted me puede curar, tiene el poder de la noche, lo sé, lo veo, su apariencia es humana pero tiene el poder de los Devas, cúreme, por favor, ¡deme una oportunidad!-.
Xena se quedó mirándole, miró a Josu, vio que estaba bien, a pesar del desmayo, entonces puso una mano en la cabeza de Josu, estiró el brazo con la otra mano hacia la herida del Duende, sin tocarlo, cerró los ojos y un fulgor de luz plateada inundó la estancia emanando de ella, parecía luz de luna, sus manos brillaban con más intensidad, una especie de holograma como de traje de hada se formó alrededor de ella, pero no era como el que tenía cuando era hada, era diferente, era un mono ceñido con una especie de alas en la espalda, transparentes, pero se podían ver con claridad, una olor a flores emanó de repente de todo su cuerpo, Josú y Tía Paua reconocieron la misma como una mezcla de jazmín y galán de noche; con un movimiento de las manos circular fue emanando energía hacía la herida del Duende y la cabeza de Josu, hasta que cayó, extenuada al suelo, respirando agitadamente, su luz se apagó y nuestros amigos empezaron a abrir los ojos y respirar cada vez mejor, la herida del Duende había desaparecido y las magulladuras de Josu también.
Tía Paua quedó maravillada, por lo visto Xena seguía teniendo poder a pesar de haber perdido su condición de elemental, había cambiado, no todo estaba perdido, tenían que ver la manera de aprovechar sus dones para poder salir de esta terrible situación.
Josu se acercó a Xena y la abrazó, estaba extenuada, no sabía lo que había hecho, lo hizo por instinto, aún así el resultado fue espectacular, su poder de sanación era equiparable al de un médico gnomo, por no decir más poderoso.
Una vez repuestos, el Duende se levantó, su materia se había densificado, estaba restablecido, Josu también, Xena se había recuperado, pero tenían mucha hambre, estaban en la dimensión terrena y aquí el agua no bastaba para saciar las necesidades de la materia corporal, acuciaban el agotamiento por hambre y sed.
Estaban encerrados y no podían salir sin sucumbir a los Seres Elementales Oscuros y sus secuaces, siempre que miraban por la ventana, entre los huecos de las persianas veían a cientos de Seres Sombra patrullar los cielos y en la distancia grupos de cuatro Seres Elementales Oscuros, iban haciendo batidas y a su paso arrebataban las almas de cuantos desdichados encontraban a su paso, para provecho de sus jefes Arcontes.
Era una visión dantesca, posiblemente todo el mundo estuviera ya así, no sabían lo que hacer, esperaban un milagro, quisieran que Antoine estuviera ahí para ayudarles, pero El Mago estaba en otro lugar en el que las cosas estaban igual de mal, sino peor, aunque ellos no lo sabían, pensaban que había sucumbido a estos Seres.
Tenían que buscar víveres, y para ello debían camuflarse entre las sombras y los Seres Elementales Oscuros para sobrevivir, quizás un Duende no levantaría sospechas en aquellos momentos si lo veían por las calles, seguramente habrían más, aunque lo raro era que no veían a ninguno cuando miraban al exterior.
El Duende dijo:- Aunque somos esbirros de los Seres Sombra, en estos momentos nos hemos quedado atrapados en el Bajo Astral, junto con las Larvas y los Poltergeist, quieren que seamos la última ola que destruya esta realidad, yo conseguí salir a tiempo antes de que sellaran la cueva de la Estigia, ellos abrieron otros portales más poderosos para penetrar en esta dimensión.
-Quizás tenga una idea para poder ocultarnos y poder ir a coger comida y agua, pero para ello necesitaremos ropa oscura e imantarla con la negatividad intrínseca a mi especie elemental, estoy seguro que puedo hacer que tengáis la apariencia de un Ser Sombra, pero a lo lejos, en la cercanía os podrán ver realmente, ¡rápido, tenemos que ver que hay en los armarios!-.
Miraron en los roperos, armarios y cajas de ropa que tenían los padres de Josu en aquella casa, vieron pantalones y camisas negras, batas de ese mismo color par las mujeres, pañuelos negros para sus cabezas, dos mantones y una capa de ese color, todo muy antiguo; procedieron a vestirse todos igual, con la cabeza tapada, hasta el Duende se puso ropa negra para intentar parecer un espectro.
-Ahora debemos conjurar a la energía sombra, dijo el Duende, para ello debemos juntar nuestras manos y entrar en el círculo de sal, limpiaremos el pentagrama y lo dibujaremos al revés, esto llamará a la energía negra y nos cubrirá dándonos el camuflaje, yo soy inmune a ella, pero vosotros debéis protegeros con pensamientos y oraciones que os ayuden, cuando os vaya a cubrir la energía debéis pensar en cosas agradables, haced algún símbolo de protección que sepáis, da igual cual, pero es importante que no sucumbáis a esta negatividad-.
Entraron en el círculo de Sal y Tía Paua trazó un pentagrama invertido en el mismo, el Duende se puso en medio del mismo y con la voz socarrona y desagradable que le caracteriza conjuró: - ¡Oh, fuerzas oscuras, energía de las sombras, mostrarme vuestro poder y danos parte del mismo, necesitamos oscuridad, os conjuro sin chanza para encontrar la negativa danza, convierte estas ropas en sombras de venganza!-.
Josu, Xena y Tía Paua empezaron a notar como aquella ropa se le ceñía al cuerpo y como a la vez se formaba una especie de neblina negra alrededor de ellos, se sentían pesados y con un cambio de humor brutal, la ira se iba apoderando de ellos, Josu intentó pensar en su perro Winston, en su infancia, en sus padres, en lo que le gustaba, Xena en sus hermanas, en su pasado como hada, Tía Pau en Manuel, su marido, en su cueva, sus hierbas, su satisfacción al curara a personas que la requerían, pero todo se desvanecía en una niebla mental oscura que les provocaba un mal humor que no entendían, pero era necesario lidiar con ello para salir de allí y buscar alimentos.
El Duende no pensaba en nada, ya estaba acostumbrado a estos menesteres, de hecho muchos de ellos decidían convertirse en Seres Sombra cuando les convenía, eran compatibles sus cuerpos con los de ellos en el Bajo Astral, podían cambiar a voluntad una vez superadas ciertas enseñanzas, pero de eso ya hablaremos.
Una vez convertidos en Seres Sombra se dispusieron a salir de la casa, el Duende iba delante, el caos que había en la calle era impresionante, las sombras volaban por doquier, los Hombres del Sombrero patrullaban las calles en una ronda mortal avisando a los Seres Elementales Oscuros que los iban siguiendo, los Arcontes, escondidos en la parte interdimensional entre el Bajo Astral y la realidad iban recolectando las almas que los Oscuros les iban proporcionando, lo extraño era el silencio, todo en silencio, nadie gritaba, nadie pedía ayuda, solo se escuchaba el viento, el pasar de las Sombras y las risas de los Elementales Oscuros que resonaban por doquier, era terrible.
Salieron a la calle y con movimientos rápidos fueron pegados a las paredes de las casas iban cruzando en zig zag para que su movimiento pareciera un poco errático, parecía que los trajes sombra funcionaban, no les veían, incluso alguna de ellas pasaba al lado y no les hacía caso, el Duende hizo bien su cometido para camuflarlos.
Llegaron hasta las puertas de un supermercado, entraron y vieron con desesperación que estaba todo vacío, todo saqueado, pero no se desanimaron tan pronto y siguieron adelante para ver si quedaba algo en el almacén, entraron en el mismo y aunque estaba todo por el suelo y revuelto vieron que habían latas de conservas y ¡botellas de agua!, no se lo podían creer, que suerte habían tenido, pero tenían que ser precavidos y silenciosos, estaban en grave peligro a pesar de su camuflaje.
Continuará...