domingo, 2 de marzo de 2025

CAPÍTULO 39

 


En la dimensión terrena, Josu, Tía Paua, Xena y el Duende permanecían ocultos en el interior de aquel supermercado, habían encontrado avituallamiento para  poder alimentarse unos días, pero no podían permanecer siempre allí, la falta de higiene y la oscuridad, además de la amenaza de que algún ser oscuro pudiera encontrarlos los tenía sumidos en una alerta constante, el estrés hacía mella en ellos, no podían apenas dormir, se turnaban para estar en guardia, pero la situación era insostenible.

Estaban muy preocupados por Antoine, no sabían que había ocurrido con él, echaban de menos a Gimmi, el vínculo con ellos era muy fuerte, además ahora estaba el Duende del que aún no tenían la suficiente confianza para saber si les iba a ayudar o era una trampa de los Seres Sombra, se temían que fuera un espía del mal.

Josu estuvo conversando con el Duende para preguntarle cual había sido la razón de haber cambiado tanto, pues su naturaleza no era especialmente dada a pensar en la bondad y la energía positiva.

El Duende le explicó todo lo que había sentido al coger el medallón de protección de Antoine, gracias a su energía se produjo un cambio en su interior, una chispa de luz se prendió en su negro corazón y anheló ser como los demás Seres Elementales, entrar en comunión con la naturaleza y salir de la oscuridad a la que Gaia condenó a su especie, lo creía posible, pues ahora también estaba ligado a un mago como Antoine y debía protegerlo, el vínculo mágico podía traspasar dimensiones, por lo tanto podía sentir parte de lo que él sentía.

Tia Paua entonces, escuchando la conversación de Josu con el Duende dijo:- ¡Vaya!, entonces puedes comunicarte psíquicamente con Antoine debido a tu atadura mágica con él, pues entonces deberías intentar hacerlo y darnos noticias del mismo, estamos muy preocupados, también tenemos que irnos de aquí, pero no sé cómo hacerlo, debemos contactar con las hadas, sé que se han refugiado en algún lugar en este mundo, pero para ir allí necesitamos abrir un portal poderoso para huir de este caos, quizás ellas sepan a quien llamar para poder luchar en este mundo contra los Elementales Oscuros, los Arcontes y los Seres Sombra, la guerra que lleva a la Entropía Elemental está en marcha, si no hacemos nada, sucumbiremos todos, hasta los de tu especie, Duende, ellos os utilizan para luego prescindir de vosotros una vez les hayáis abierto el camino a revertir la creación de Gaia, sois parte de esa creación, ellos no, por eso desapareceréis también con nosotros. 

El Duende se quedó pensativo, dudaba de las palabras de Tía Paua, pero había visto la luz de Xena, el bien que le había hecho curándolo, sin ningún reparo accedió a ello, el calor de esa bondad le hizo reflexionar, sentía también que en algún lugar de su ser estaba agradecido por ello y dijo: - Amigos, voy a concentrarme en contactar con Antoine, os agradezco el que me admitáis el estar con vosotros, de verdad voy a cambiar, sé que podré hacerlo con vuestra ayuda, voy a realizar una llamada astral mediante un conjuro duende, cuando servimos a un amo, tenemos que contactar con él mediante este, pero temo que esa energía sea detectada por los Seres Sombra que patrullan por estas calles, para evitar ser descubierto necesito que Josu me envíe energía psíquica, pues él es sensitivo, al ser humano puede amplificar la mía y contactar con el mago; ¡dame la mano Josu!-dijo el Duende- ahora piensa con todas tus fuerzas en Antoine, envíale un mensaje, dile que estamos bien, que necesitamos su ayuda, que nos de instrucciones, noticias, saber de él.

Josu le dió la mano, Xena permanecía sentada, también le dio la mano a Tía Paua, estaban todos asustados, expectantes, no veían salida de aquella situación tan peliaguda, ahora depositaban toda su confianza en el Duende.

Josu cerró los ojos y pensó en Antoine, le estaba intentado enviar un mensaje telepático, puso su mente en blanco solo con la visión de su amigo, le preguntaba donde estaba, qué pasaba con él, pero no recibía nada, el Duende tampoco veía nada, era muy extraño, su pensamiento no traspasaba por lo visto la dimensión terrena, debían hacer algo diferente para saber de él.

Josu acabó agotado de tanto esfuerzo mental, el Duende se sentía frustrado por no poder ayudar, era tanta la negatividad en aquel lugar que ninguna energía psíquica podía salir de él ni entrar. Era como si estuvieran en una burbuja en la que la fuerza mental no podía permanecer, quizás el lugar estuviera situado en una corriente de agua subterránea, eso bloqueaba la posible magia que pudieran usar para esa comunicación,

Tía Paua se dispuso entonces al pensar lo de la corriente de agua a coger una bolsita pequeña que tenía en uno de sus bolsillos, dentro había un péndulo de cuarzo transparente, enseguida lo sujetó con los dedos pulgar e índice de su mano derecha y preguntó al aire: - ¿Existe alguna corriente subterránea debajo de donde estamos?, si es sí ,gira hacia la derecha, si es no, gira hacia la izquierda.

El péndulo empezó a girar en el sentido de las manecillas del reloj, eso quería decir que si había una corriente de agua debajo de donde estaban, de ahí venían las interferencias con la fuerza psíquica de Josu y el Duende, debían irse de allí para poder contactar con Antoine e intentar acceder con el círculo de visión que Tía Paua podía generar para contactar con las hadas, había que encontrar un lugar seguro donde poder realizar estos contactos,

Josu se levantó y dijo;- ¡Lola, Xena, Duende!, no nos queda más remedio que confiar en el camuflaje sombra que hemos conjurado y seguir adelante fuera de este lugar; para ir más ligeros tenemos que comer por última vez y no llevarnos nada más que una botella de agua cada uno, ya buscaremos más provisiones donde podamos, pero para ir por las calles sin ser descubiertos debemos ir ligeros y ocultos bajo la ropa negra que el Duende ha hechizado, creo que podríamos huir a campo abierto, a la Sierra, allí buscaremos refugio y quizás podamos contactar con algún elemental que pueda ayudarnos o por lo menos buscar mensajes telepáticos y psíquicos para saber de Antoine.

-¡No creo que sea buena idea ir a la Sierra, estar al descubierto nos pondría más en peligro, debemos ir por otros derroteros!- dijo el Duende-, creo que la mejor opción es ir hacia abajo, debemos encontrar una entrada al subsuelo del pueblo, ahí tendremos más oportunidad de escapar de los Seres Oscuros, creo que en eso os puedo ayudar, los Duendes somos expertos en huir por recovecos y encontrar túneles y cuevas subterráneas, podemos desmaterializarnos, entrar en ellos y con nuestra fuerza mágica abrir brechas y agujeros para atravesar los muros de esos túneles y cuevas para salir al exterior.

-Voy a intentar abrir una grieta en el piso de este supermercado para penetrar en el subsuelo, estoy seguro que la corriente de agua proviene de las alcantarillas, por ahí podremos huir, si salimos al exterior nos van a detectar y destruir, hay demasiados Seres Sombra vigilando, cada vez más.

-Quiero confiar en tí, Duende, dijo Tía Paua, creo que puede ser una buena idea, pero no sé si nuestros cuerpos humanos podrán traspasar las grietas que tú abras.

-Creo que lo haréis sin problema-dijo el Duende- son grietas y agujeros físicos, a pesar de estar excavados con fuerza mágica, esta actúa en la materia, no son portales de energía, ahora mismo no podríamos hacer ninguno con todo lo negativo que nos rodea.

-¡Adelante pues, Duende!, intenta sacarnos de aquí.-dijo Josu- ¡Sí por favor!- afirmó Xena, esto es una pesadilla, necesitamos encontrar ayuda.

El Duende colocó sus manos juntándolas en su pecho, cerró sus ojos y concentrándose. En la punta de sus dedos empezó a generarse una bola de luz roja, él iba desapareciendo de su vista, se estaba desmaterializando, se volvía transparente, la luz se intensificaba hasta rodearlo, entonces en un segundo, desapareció, las dos mujeres y Josu se quedaron entonces sorprendidos, a la par que pensaron que el Duende se había ido, se había escapado de ellos.

-¡Maldito bastardo!, ibas a ayudarnos y te has ido, ¡ya sabía yo que no podía confiar en ti!- gritó Josu- luego se dio cuenta que había cometido una estupidez, podía haber llamado la atención de los Seres Sombra o peor aún, de los Elementales Oscuros, pero por lo visto tuvieron suerte y no los detectaron.

Xena y Lola (Tía Paua) estaban expectantes a ver que ocurría, el Duende dijo que iba a abrir un agujero para poder ir al subsuelo de aquel lugar, todos esperaban que ocurriera ese suceso.

A los cinco minutos de haber desaparecido El Duende empezaron a escuchar un sonido sordo que provenía del suelo, era un rumor que iba intensificándose poco a poco, hasta que apareció una grieta en medio del terrazo del supermercado, iba abriéndose de forma lenta, pero cada vez se hacía más grande, el ruido al hacerlo no era fuerte, pero temían que fuera lo suficiente audible para que lo detectaran en la calle la huestes Oscuras.

Se echaron hacia atrás al ver la grieta crecer, pasaron unos minutos hasta que una mano verde asomó por la misma, ¡Era la mano del duende, parecía que cortaba el suelo como si fuera una pala o un pico, sacó el brazo, luego el otro brazo, todo su cuerpo cubierto de arena y polvo salió detrás, ¡había conseguido abrir un agujero para bajar a las alcantarillas!

Cuando salió por completo, se sacudió el polvo y la arena, el agujero que había hecho era profundo pero lo suficiente ancho para que pudiera pasar una persona.- ¡Ya tenemos salida a lo profundo!, dijo El Duende- me ha costado un poco, pero he logrado traspasar el hormigón y la tierra para llegar aquí, la tele transportación mágica me llevó ahí abajo, la fuerza mágica hizo el resto, la corriente de agua me protegió y no fui detectado por los Seres Sombra ni ningún Oscuro.

-¡Hay que buscar una cuerda para poder bajar nosotros, Duende!- dijo Josu- no podemos saltar ni transportarnos como tú.

Xena y Tía Paua empezaron a rebuscar por los alrededores del almacén, no veían nada útil, hasta que se dieron cuenta que debajo de una estantería había una caja sin abrir, dentro había ropa de cama.

-¡Podemos bajar atando estas sábanas fabricando una soga para deslizarnos hacía abajo, son unos tres metros, creo que aguantarán!- dijo Tía Paua- ¡Vamos a atarlas con fuerza, Xena!

Las dos mujeres empezaron a abrir los paquetes y a atar las distintas sábanas y bajeras de la ropa de cama, hasta que formaron una soga de tela de unos cinco metros, parecía resistente.

Josu de mientras ayudaba a excavar la entrada del agujero del suelo, sacaba la arena y lo agrandaba. El Duende, sin dudarlo saltó hacia el fondo del túnel, dijo:- Me quedo aquí para aguantar la soga y ayudaros a bajar, mi agilidad me permite bajar de un salto, aquí os seré útil.

Josu amarró la soga de sábanas alrededor de un congelador que estaba atrapado por unas estanterías caídas, vio que allí se podía sujetar bien la improvisada cuerda, primero le dijo a Tía Paua que fuera bajando por el agujero saltando poco a poco apoyando los pies en la pared del mismo hasta dar un saltito de un metro para llegar a la alcantarilla, así lo hizo, el Duende sujetaba la soga y le ayudó a bajar, tenía mucha fuerza. Luego bajó Xena, sin problemas, pero cuando llegó el turno de Josu oyó un estruendo muy grande fuera del almacén, un golpe seco, seguido de pasos fuertes.

-¡Duende, nos han descubierto! vienen a por nosotros, voy a bajar, ¡por favor conjura el cierre del agujero nada más pisar yo el suelo!, ¡No hay tiempo que perder!

Antes de bajar por el agujero vio fugazmente la figura de un Elemental Oscuro, era el que tenía figura humana, sin cabello, con la A extraña en el pecho, se dirigió con su luz oscura brillante para cogerlo, pero en un segundo el duende dijo unas palabras con su voz socarrona:-¡Claudite vulnus terrae, sana malum tuum! (Ciérrate herida de la tierra, cicatriza tu mal).

Antes de que el Ser Elemental Oscuro pudiera atrapar a Josu, en un segundo, el agujero que llevaba a la alcantarilla se cerró, formando una nube de polvo que no dejaba ver; Josu no pudo agarrarse bien a la soga y a medio camino descendente se soltó y cayó encima del Duende, que pudo amortiguar su golpe, aunque no le hizo mucha gracia, los dos se levantaron sacudiéndose una gran cantidad de polvo y tierra otra vez, pero gracias a la actuación del Duende con su magia elemental de camuflaje y escape, logró salvar a Josu de un final terrible.

Ahora debían huir por el subsuelo del pueblo, ¿Dónde les llevarían estas alcantarillas?, el hedor era insoportable, la suciedad y las ratas estaban por todas partes, la oscuridad era absoluta, se enfrentaban a un nuevo peligro, pero debían llegar a un lugar seguro para contactar con Antoine y conseguir ayuda, por lo visto el subsuelo aún no era territorio explorado por los Seres Oscuros, el agua parecía contenerlos.

CONTINUARÁ...

  

domingo, 2 de febrero de 2025

UN PASEO EXTRAÑO CAPÍTULO 38


 El Fauno y Antoine salieron de la cueva del árbol del mismo, este contempló la desolación de su ciudad, no pudo contener la rabia y con un lamento prolongado se arrodilló golpeando con su puño derecho las baldosas de la entrada de la puerta de su casa.

Antoine estaba apenado al ver la desolación de El Fauno, no sabía que decirle pero para animarlo le habló intentado hacerlo con la mayor calma posible: -Mi señor Fauno, debemos ir a buscar supervivientes, los Seres Elementales Oscuros han saltado a la dimensión terrena, aquí queda alguno de sus esbirros, pero debemos buscar supervivientes que hayan podido esconderse y sobre todo ver si Gimmi sigue aquí o ha sucumbido a ellos, es de vital importancia buscar refuerzos y encontrar la manera de combatir a el mal que acecha a nuestros dos mundos.

El Fauno se incorporó y con los ojos vidriosos, intentando disimular sus ganas de llorar, herencia de su parte humana, se apoyó en Antoine y en su bastón, comenzó a avanzar renqueante, con dificultad, sus heridas eran profundas, pero debía superar el dolor e ir a buscar a su gente, intentar remontar a pesar de lo terrible de esta situación.

Anduvieron un buen rato, se dirigieron al barrio de los Gnomos, vieron el gran incendio que había carbonizado la gran mayoría de casas y árboles que habían en él, miles de objetos del interior de las mismas estaban esparcidos por las calles del mismo, ropa hecha jirones, sombreros puntiagudos por aquí y por allí, siluetas de gnomos que habían desaparecido al morir por los rayos de los Seres Elementales Oscuros; sombras acechaban en las esquinas de las casas, escondidas y huidizas se iban volando cuando las miraban nuestros dos amigos.

-¡Es increíble el nivel de destrucción y negatividad que han dejado estos malditos Seres!-dijo El Fauno- ¡Nunca había visto tanta desolación, destrucción y muerte!, me temo que Gimmi ya no esté con nosotros.

-No perdamos la esperanza, debemos dirigirnos al Roble Negro o lo que queda de él, quizás Gimmi haya podido refugiarse en su casa o haya huido a la dimensión terrena por su pasadizo secreto, él nos llevó por ahí a nuestro mundo para poder ver a las hadas.

Llegaron a donde se suponía que Gimmi vivía, pero su árbol había sido talado , ni siquiera estaba ya allí, había sido arrojado a unos cien metros de su tronco, la puerta de la casa de Gimmi estaba destrozada, salía un hilo de humo de su interior.

Antoine dejó sentado a El Fauno apoyando en el tronco talado y quemado, se decidió a entrar en la Cueva-casa de Gimmi, frotó su medallón para darle luz y con precaución fue penetrando en la misma, la oscuridad era impenetrable, no se veía nada, las paredes del túnel que llevaba a la puerta de entrada de la vivienda del Gnomo estaban ennegrecidas por la ceniza de las raíces quemadas, ¡qué poder tenían estos Seres Elementales Oscuros, qué podían quemar un árbol hasta su raíz!

Llegó hasta la puerta, estaba abierta, salía humo de la misma, pero se podía ver un poco el interior, tan oscuro como el resto del pasillo, todos estaba revuelto, no se sentía presencia de nadie, el silencio era abrumador, pero Antoine se armó de valor y entró, con gran dificultad avanzaba porque su altura era superior a los Gnomos y su cabeza tocaba el techo, por lo cual tenía que ir acachado.

La cocina estaba destrozada, parecía que habían entrado una horda de Seres Sombra para destrozarlo todo. Se dirigió a las distintas habitaciones, en el dormitorio vio un armario ropero de madera labrada, con precaución intentó abrirlo, pero vio que estaba cerrado con llave, era de madera noble, quizás parecida al ébano, muy dura, forcejeó la cerradura pero no se abría, entonces oyó claramente como algo se movía en su interior, se apartó asustado, ¿Sería un Ser Sombra, un Duende?, -¡Ummmm, Ummmm, me aggggg, aaaaogggg, aogggoh!-, escuchó Antoine casi de forma inaudible, como de lejos. Parecía la voz de una niña.

Inmediatamente se armó de valor y con la pata de una silla que había tirada en la habitación golpeó la puerta del armario, una vez, dos veces, hasta que en un golpe seco saltó la cerradura del mismo y se abrió la misma, puso su medallón en su mano para iluminar y cual fue su sorpresa al ver a Mimma en el interior de aquel armario.

-¡Mimma! ¡Soy Antoine!, no te asustes, hemos venido a rescatarte y ver si hay más supervivientes en esta desolación. ¡Qué ha pasado!.

-¡Gracias a Gaia!, Antoine, ha pasado algo terrible, hace dos días vino la desolación a este lugar, empezaron a aparecer Seres Sombra por todos lados, los cielos se abrieron , en vórtices de energía vinieron otros seres que se denominaban Arcontes, empezaron a asediar la ciudad elemental, Gimmi estaba conmigo, se dispuso a intentar llamar a todos sus compañeros para coger las hachas y los picos, los instrumentos mágicos de que disponían, sus hierbas de poder para combatir el nuevo mal que nos estaba atacando.

-Pero poco podían hacer, estos seres entraban en las casas, en los barrios, se dirigieron primero al lago de las Ondinas y Nereidas, varios de estos Arcontes abrieron portales en el cielo, de un color negro, como torbellinos que iban absorviendo el agua del mismo, miles de Ondinas y Nereidas fueron absorvidas por los mismos, otras caían fuera del mismo, aniquilándolas al momento con unos mazos con pinchos de color negro que despedían rayos, espadas de luz negra, las sombras iban recogiendo los restos de los que sucumbían y los arrastraban  a aquellos vórtices. 

Eran miles, nos estaban destrozando, ni las Salamandras con su fuego aterrador podían combatir la fiereza de la energía negativa de estos Seres, más tarde vino lo peor, llegaron con una gran explosión que iluminó toda la ciudad, quemando todo en un solo segundo, arrasando a todo Ser Elemental que no estuviera a cubierto por paredes de piedra, murieron la gran mayoría, los que sobrevivieron abrieron rápidamente un portal en el último reducto de los Silfos y en un torbellino desaparecieron hacia vuestra dimensión o donde podrían estar refugiadas las hadas, la dimensión intermedia, no lo sé.

-Gimmi me metió en este armario, realizó un conjuro, antes de cerrar las puertas me dijo.- ¡Quédate aquí, no te muevas hasta que esté todo en calma, esta madera no se quema, está protegida con mágia poderosa, cuando creas que no hay peligro intenta salir, yo vendré a buscarte en poder, debo encontrar ayuda, solo los Devas nos pueden liberar de esto, pero no sé si podré convocarlos, ningún elemental lo ha hecho nunca, que yo sepa, necesitaré ir a la dimensión terrenal a buscar a las hadas, ellas lo harán por mí, también pertenecen a su casta.

-Guimmi se fue entonces y escuché un ruido atronador, era insoportable, me puse las manos en los oídos y durante horas sentí moverse el armario como si un huracán pasara por esta casa, así hasta que escuche el ruido en la cerradura, los golpes que diste con la silla para abrir el armario, estaba aterrada, pensé que era el fin hasta que te ví, gracias Antoine por liberarme, pero ¡qué haces aquí¡, ¿Cómo has venido a nuestra dimensión?

-Rápido, debemos salir de aquí, he venido con tu Señor, El Fauno ha sobrevivido, estamos buscando a todos los que quedan en esta ciudad, seguramente todas las ciudades elementales estén afectadas por esta horda de oscuridad y destrucción, está esperando afuera, vente conmigo y prosigamos la búsqueda, por lo que veo estás físicamente bien, no pareces herida.

-Espera, espera-dijo Mimma- tengo que coger algo de un armarito secreto que tengo, creo que aún permanece intacto, voy a ver-. Se dirigió a una habitación del fondo de la casa, penetró en la oscuridad de la misma y en dos minutos apareció con una bolsa en la mano.

-Son las hierbas mágicas de Gimmi, con ellas se puede curar, se puede conjurar y se pueden atravesar dimensiones, pues no solo existen estas dos, hay más donde viven otros seres que aún no conoces Antoine, quizás nos hagan falta.

Salieron al exterior y vieron a El Fauno, con gran alegría se incorporó torpemente, el dolor no le dejaba hacerlo bien y dijo:- ¡Mi querida Mimma! ¡Gracias a la Creación que estás viva!, es increíble que hayas podido resistir esta tremenda desgracia, tenemos que buscar a más ciudadanos elementales que estén a salvo. ¿Qué ha pasado con Gimmi?

-Mi Señor Fauno, ha ido a buscar ayuda, dijo que iba a avisar a los Devas, buscaría a las hadas para contactar con ellos, que eran la única esperanza que teníamos de contener a los Seres Elementales Oscuros, los Arcontes y los Seres Sombra, también me comentó, ahora que recuerdo que quería contactar con más ciudades elementales, todos debíamos estar unidos ante esta amenaza global del mundo elemental y humano, eso dijo.

El Fauno se quedó pensativo y dijo: - ¡Los Devas!, ningún elemental debería contactar con ellos, pues aún existen rencillas con los mismos por nuestra traición ancestral, no quieren que nos metamos en sus asuntos, ellos están por encima de la Creación de Gaia, aunque tienen su misión en la misma, sobre todo con los humanos, pero no nos pueden ver.

-Sabes que Gimmi estudió los libros humanos que han caído en nuestras manos sobre esoterismo y ciencias ocultas, conoce mejor que nadie las tradiciones de los mismos con los seres de luz y las huestes angélicas, sabe el por qué de la guerra entre los Daemon y los Devas, también que nunca se resolverá, pues no puede tener fin para guardar el equilibrio en los distintos mundos que existen en la Creación.

 Quizás ha visto que la única forma de combatir al mal que ahora nos está destruyendo es contactar con las huestes celestiales, los Devas, ellos pueden evitar esta entropía, si no lo hacen todo revertirá a la No Creación, quizás hasta los Daemon desaparezcan y el caos sería total en todo el Universo, todo desaparecería en la antimateria.

Fauno se quedó pensando y le dijo a Mimma:- Veo que conoces bien a tu Gnomo, me alegro que me hayas contado todo esto, no había reparado en esa opción, mi mente se ha nublado desde que vinieron estos Seres Oscuros, pero a grandes males, grandes remedios, Gimmi tiene razón, debemos hacer una batida por la ciudad, encontrar a todos los que estén bien, si queda alguien más e ir al refugio mágico de la dimensión terrena, desde allí invocaremos a lo más alto de la Creación, espero que podamos revertir esta desgracia.

Se dirigieron por el barrio Gnomo casa por casa a ver si había alguien vivo, repasaron puerta por puerta, no había nadie, hasta que llegaron a una cueva situada en un tronco quemado de un Abedul gigantesco, a Mimma le sonaba esta puerta, pero entre tanta desolación todo parecía diferente, no sabía donde estaban; entraron en la cueva de su tronco y oyeron una voz:-Ayuda, ayuda, no puedo respirar, ¡estoy atrapado!, por favor, ¡me ahogo!-

Entraron a esa casa-cueva y en uno de los cuartos vieron una puerta metálica en una pared, oían golpes en la misma, se dispusieron a abrirla, estaba cerrada con llave.

Solo habían entrado Mimma y Antoine, el Fauno se había quedado fuera, por lo tanto tenían que ver la manera de abrirla.

Mimma sin pensarlo cogió un puñado de hierbas que tenía en la bolsa que se ató a su delantal, la que había cogido de su casa al irse, con un movimiento rápido trazó una llave en el aire delante de esa puerta y con voz firme dijo: -Esta es la hierba rompe muros, conjuro en el nombre del sagrado elemento tierra, ¡dadme poder para abrir cualquier cerradura, así sea, así decreto, así es!

Inmediatamente, al acabar de decir esto, la puerta de la pared se iluminó con un rojo brillante y mágicamente se abrió de golpe, entonces vieron que dentro había un jóven Gnomo, era uno de los hijos de el hermano de Mimma, ¡Era su sobrino!.

Cuando vio a el joven, Mimma se abalanzó sobre él a abrazarlo, estaba muy asustado, ni siquiera reconoció a la misma, pero se dejó llevar hacía afuera, donde estaba el Fauno, con lágrimas en los ojos dijo:-Creía que iba a morir asfixiado en aquella caja de la pared, me encerró mi padre para protegerme, no sé nada de donde están todo, ni mi madre, ni mi hermana, ni nadie de mi familia, vino la destrucción en un momento y todo ha desaparecido, ¡está todo en ruinas!, ahora te reconozco, ¡Tía Mimma!, ¡qué suerte he tenido de que puedieraís oirme!

-Mi Señor Fauno, Antoine, este es mi sobrino Gunni, es hijo de mi hermano Gundal, creo que toda su familia a sucumbido a este terror, debemos seguir buscando, pero por lo visto, la gran mayoría de supervivientes han abierto portales al mundo terreno.

Antoine instó al Fauno a que se levantara y poder continuar junto con Mimma y Gunni a seguir buscando, recorrieron prácticamente toda la ciudad elemental, no había nadie, ni en el barrio de los Silfos, ni en el de las Salamandras, menos en el de las Ondinas, ahora si debían huir de allí, buscar ayuda en el refugio mágico de Gaia, en la Tierra, en el mundo humano.