domingo, 2 de febrero de 2025

UN PASEO EXTRAÑO CAPÍTULO 38


 El Fauno y Antoine salieron de la cueva del árbol del mismo, este contempló la desolación de su ciudad, no pudo contener la rabia y con un lamento prolongado se arrodilló golpeando con su puño derecho las baldosas de la entrada de la puerta de su casa.

Antoine estaba apenado al ver la desolación de El Fauno, no sabía que decirle pero para animarlo le habló intentado hacerlo con la mayor calma posible: -Mi señor Fauno, debemos ir a buscar supervivientes, los Seres Elementales Oscuros han saltado a la dimensión terrena, aquí queda alguno de sus esbirros, pero debemos buscar supervivientes que hayan podido esconderse y sobre todo ver si Gimmi sigue aquí o ha sucumbido a ellos, es de vital importancia buscar refuerzos y encontrar la manera de combatir a el mal que acecha a nuestros dos mundos.

El Fauno se incorporó y con los ojos vidriosos, intentando disimular sus ganas de llorar, herencia de su parte humana, se apoyó en Antoine y en su bastón, comenzó a avanzar renqueante, con dificultad, sus heridas eran profundas, pero debía superar el dolor e ir a buscar a su gente, intentar remontar a pesar de lo terrible de esta situación.

Anduvieron un buen rato, se dirigieron al barrio de los Gnomos, vieron el gran incendio que había carbonizado la gran mayoría de casas y árboles que habían en él, miles de objetos del interior de las mismas estaban esparcidos por las calles del mismo, ropa hecha jirones, sombreros puntiagudos por aquí y por allí, siluetas de gnomos que habían desaparecido al morir por los rayos de los Seres Elementales Oscuros; sombras acechaban en las esquinas de las casas, escondidas y huidizas se iban volando cuando las miraban nuestros dos amigos.

-¡Es increíble el nivel de destrucción y negatividad que han dejado estos malditos Seres!-dijo El Fauno- ¡Nunca había visto tanta desolación, destrucción y muerte!, me temo que Gimmi ya no esté con nosotros.

-No perdamos la esperanza, debemos dirigirnos al Roble Negro o lo que queda de él, quizás Gimmi haya podido refugiarse en su casa o haya huido a la dimensión terrena por su pasadizo secreto, él nos llevó por ahí a nuestro mundo para poder ver a las hadas.

Llegaron a donde se suponía que Gimmi vivía, pero su árbol había sido talado , ni siquiera estaba ya allí, había sido arrojado a unos cien metros de su tronco, la puerta de la casa de Gimmi estaba destrozada, salía un hilo de humo de su interior.

Antoine dejó sentado a El Fauno apoyando en el tronco talado y quemado, se decidió a entrar en la Cueva-casa de Gimmi, frotó su medallón para darle luz y con precaución fue penetrando en la misma, la oscuridad era impenetrable, no se veía nada, las paredes del túnel que llevaba a la puerta de entrada de la vivienda del Gnomo estaban ennegrecidas por la ceniza de las raíces quemadas, ¡qué poder tenían estos Seres Elementales Oscuros, qué podían quemar un árbol hasta su raíz!

Llegó hasta la puerta, estaba abierta, salía humo de la misma, pero se podía ver un poco el interior, tan oscuro como el resto del pasillo, todos estaba revuelto, no se sentía presencia de nadie, el silencio era abrumador, pero Antoine se armó de valor y entró, con gran dificultad avanzaba porque su altura era superior a los Gnomos y su cabeza tocaba el techo, por lo cual tenía que ir acachado.

La cocina estaba destrozada, parecía que habían entrado una horda de Seres Sombra para destrozarlo todo. Se dirigió a las distintas habitaciones, en el dormitorio vio un armario ropero de madera labrada, con precaución intentó abrirlo, pero vio que estaba cerrado con llave, era de madera noble, quizás parecida al ébano, muy dura, forcejeó la cerradura pero no se abría, entonces oyó claramente como algo se movía en su interior, se apartó asustado, ¿Sería un Ser Sombra, un Duende?, -¡Ummmm, Ummmm, me aggggg, aaaaogggg, aogggoh!-, escuchó Antoine casi de forma inaudible, como de lejos. Parecía la voz de una niña.

Inmediatamente se armó de valor y con la pata de una silla que había tirada en la habitación golpeó la puerta del armario, una vez, dos veces, hasta que en un golpe seco saltó la cerradura del mismo y se abrió la misma, puso su medallón en su mano para iluminar y cual fue su sorpresa al ver a Mimma en el interior de aquel armario.

-¡Mimma! ¡Soy Antoine!, no te asustes, hemos venido a rescatarte y ver si hay más supervivientes en esta desolación. ¡Qué ha pasado!.

-¡Gracias a Gaia!, Antoine, ha pasado algo terrible, hace dos días vino la desolación a este lugar, empezaron a aparecer Seres Sombra por todos lados, los cielos se abrieron , en vórtices de energía vinieron otros seres que se denominaban Arcontes, empezaron a asediar la ciudad elemental, Gimmi estaba conmigo, se dispuso a intentar llamar a todos sus compañeros para coger las hachas y los picos, los instrumentos mágicos de que disponían, sus hierbas de poder para combatir el nuevo mal que nos estaba atacando.

-Pero poco podían hacer, estos seres entraban en las casas, en los barrios, se dirigieron primero al lago de las Ondinas y Nereidas, varios de estos Arcontes abrieron portales en el cielo, de un color negro, como torbellinos que iban absorviendo el agua del mismo, miles de Ondinas y Nereidas fueron absorvidas por los mismos, otras caían fuera del mismo, aniquilándolas al momento con unos mazos con pinchos de color negro que despedían rayos, espadas de luz negra, las sombras iban recogiendo los restos de los que sucumbían y los arrastraban  a aquellos vórtices. 

Eran miles, nos estaban destrozando, ni las Salamandras con su fuego aterrador podían combatir la fiereza de la energía negativa de estos Seres, más tarde vino lo peor, llegaron con una gran explosión que iluminó toda la ciudad, quemando todo en un solo segundo, arrasando a todo Ser Elemental que no estuviera a cubierto por paredes de piedra, murieron la gran mayoría, los que sobrevivieron abrieron rápidamente un portal en el último reducto de los Silfos y en un torbellino desaparecieron hacia vuestra dimensión o donde podrían estar refugiadas las hadas, la dimensión intermedia, no lo sé.

-Gimmi me metió en este armario, realizó un conjuro, antes de cerrar las puertas me dijo.- ¡Quédate aquí, no te muevas hasta que esté todo en calma, esta madera no se quema, está protegida con mágia poderosa, cuando creas que no hay peligro intenta salir, yo vendré a buscarte en poder, debo encontrar ayuda, solo los Devas nos pueden liberar de esto, pero no sé si podré convocarlos, ningún elemental lo ha hecho nunca, que yo sepa, necesitaré ir a la dimensión terrenal a buscar a las hadas, ellas lo harán por mí, también pertenecen a su casta.

-Guimmi se fue entonces y escuché un ruido atronador, era insoportable, me puse las manos en los oídos y durante horas sentí moverse el armario como si un huracán pasara por esta casa, así hasta que escuche el ruido en la cerradura, los golpes que diste con la silla para abrir el armario, estaba aterrada, pensé que era el fin hasta que te ví, gracias Antoine por liberarme, pero ¡qué haces aquí¡, ¿Cómo has venido a nuestra dimensión?

-Rápido, debemos salir de aquí, he venido con tu Señor, El Fauno ha sobrevivido, estamos buscando a todos los que quedan en esta ciudad, seguramente todas las ciudades elementales estén afectadas por esta horda de oscuridad y destrucción, está esperando afuera, vente conmigo y prosigamos la búsqueda, por lo que veo estás físicamente bien, no pareces herida.

-Espera, espera-dijo Mimma- tengo que coger algo de un armarito secreto que tengo, creo que aún permanece intacto, voy a ver-. Se dirigió a una habitación del fondo de la casa, penetró en la oscuridad de la misma y en dos minutos apareció con una bolsa en la mano.

-Son las hierbas mágicas de Gimmi, con ellas se puede curar, se puede conjurar y se pueden atravesar dimensiones, pues no solo existen estas dos, hay más donde viven otros seres que aún no conoces Antoine, quizás nos hagan falta.

Salieron al exterior y vieron a El Fauno, con gran alegría se incorporó torpemente, el dolor no le dejaba hacerlo bien y dijo:- ¡Mi querida Mimma! ¡Gracias a la Creación que estás viva!, es increíble que hayas podido resistir esta tremenda desgracia, tenemos que buscar a más ciudadanos elementales que estén a salvo. ¿Qué ha pasado con Gimmi?

-Mi Señor Fauno, ha ido a buscar ayuda, dijo que iba a avisar a los Devas, buscaría a las hadas para contactar con ellos, que eran la única esperanza que teníamos de contener a los Seres Elementales Oscuros, los Arcontes y los Seres Sombra, también me comentó, ahora que recuerdo que quería contactar con más ciudades elementales, todos debíamos estar unidos ante esta amenaza global del mundo elemental y humano, eso dijo.

El Fauno se quedó pensativo y dijo: - ¡Los Devas!, ningún elemental debería contactar con ellos, pues aún existen rencillas con los mismos por nuestra traición ancestral, no quieren que nos metamos en sus asuntos, ellos están por encima de la Creación de Gaia, aunque tienen su misión en la misma, sobre todo con los humanos, pero no nos pueden ver.

-Sabes que Gimmi estudió los libros humanos que han caído en nuestras manos sobre esoterismo y ciencias ocultas, conoce mejor que nadie las tradiciones de los mismos con los seres de luz y las huestes angélicas, sabe el por qué de la guerra entre los Daemon y los Devas, también que nunca se resolverá, pues no puede tener fin para guardar el equilibrio en los distintos mundos que existen en la Creación.

 Quizás ha visto que la única forma de combatir al mal que ahora nos está destruyendo es contactar con las huestes celestiales, los Devas, ellos pueden evitar esta entropía, si no lo hacen todo revertirá a la No Creación, quizás hasta los Daemon desaparezcan y el caos sería total en todo el Universo, todo desaparecería en la antimateria.

Fauno se quedó pensando y le dijo a Mimma:- Veo que conoces bien a tu Gnomo, me alegro que me hayas contado todo esto, no había reparado en esa opción, mi mente se ha nublado desde que vinieron estos Seres Oscuros, pero a grandes males, grandes remedios, Gimmi tiene razón, debemos hacer una batida por la ciudad, encontrar a todos los que estén bien, si queda alguien más e ir al refugio mágico de la dimensión terrena, desde allí invocaremos a lo más alto de la Creación, espero que podamos revertir esta desgracia.

Se dirigieron por el barrio Gnomo casa por casa a ver si había alguien vivo, repasaron puerta por puerta, no había nadie, hasta que llegaron a una cueva situada en un tronco quemado de un Abedul gigantesco, a Mimma le sonaba esta puerta, pero entre tanta desolación todo parecía diferente, no sabía donde estaban; entraron en la cueva de su tronco y oyeron una voz:-Ayuda, ayuda, no puedo respirar, ¡estoy atrapado!, por favor, ¡me ahogo!-

Entraron a esa casa-cueva y en uno de los cuartos vieron una puerta metálica en una pared, oían golpes en la misma, se dispusieron a abrirla, estaba cerrada con llave.

Solo habían entrado Mimma y Antoine, el Fauno se había quedado fuera, por lo tanto tenían que ver la manera de abrirla.

Mimma sin pensarlo cogió un puñado de hierbas que tenía en la bolsa que se ató a su delantal, la que había cogido de su casa al irse, con un movimiento rápido trazó una llave en el aire delante de esa puerta y con voz firme dijo: -Esta es la hierba rompe muros, conjuro en el nombre del sagrado elemento tierra, ¡dadme poder para abrir cualquier cerradura, así sea, así decreto, así es!

Inmediatamente, al acabar de decir esto, la puerta de la pared se iluminó con un rojo brillante y mágicamente se abrió de golpe, entonces vieron que dentro había un jóven Gnomo, era uno de los hijos de el hermano de Mimma, ¡Era su sobrino!.

Cuando vio a el joven, Mimma se abalanzó sobre él a abrazarlo, estaba muy asustado, ni siquiera reconoció a la misma, pero se dejó llevar hacía afuera, donde estaba el Fauno, con lágrimas en los ojos dijo:-Creía que iba a morir asfixiado en aquella caja de la pared, me encerró mi padre para protegerme, no sé nada de donde están todo, ni mi madre, ni mi hermana, ni nadie de mi familia, vino la destrucción en un momento y todo ha desaparecido, ¡está todo en ruinas!, ahora te reconozco, ¡Tía Mimma!, ¡qué suerte he tenido de que puedieraís oirme!

-Mi Señor Fauno, Antoine, este es mi sobrino Gunni, es hijo de mi hermano Gundal, creo que toda su familia a sucumbido a este terror, debemos seguir buscando, pero por lo visto, la gran mayoría de supervivientes han abierto portales al mundo terreno.

Antoine instó al Fauno a que se levantara y poder continuar junto con Mimma y Gunni a seguir buscando, recorrieron prácticamente toda la ciudad elemental, no había nadie, ni en el barrio de los Silfos, ni en el de las Salamandras, menos en el de las Ondinas, ahora si debían huir de allí, buscar ayuda en el refugio mágico de Gaia, en la Tierra, en el mundo humano.