lunes, 30 de diciembre de 2024

UN PASEO EXTRAÑO CAPÍTULO 37

 


 En la casa de Josu permanecían Xena y Tía Paua, intentaban adecuar la misma para poder pasar desapercibidas, limpiar un poco y tener ordenados todos los objetos que habían traído de la cueva de ella.

Permanecían en una penumbra diaria, pues el cielo siempre estaba oscurecido y no se atrevían a encender la luz, para que nadie supiera que estaban allí.

De todos modos tampoco podían encenderla pues ya hacía tiempo que el suministro eléctrico no existía, las distintas patrullas de Seres extraños que veían por la ventana se habían ocupado de destruir todo el cableado y la huida de la gente hacía cualquier refugio había dejado desatendidos todos los servicios básicos de la ciudad.

Nuestras dos amigas estaban realmente preocupadas, no sabían nada de Josu ni de Antoine, Tía Paua tenía un mal presentimiento, en su interior temía por Antoine, presentía que no estaba en esta dimensión, también sufría por Josu, pues algo le decía que estaba en serio peligro.

Ya no recibían noticias del exterior, no tenían radio, ni Televisión, estaban incomunicadas, los teléfonos fijos de la casa no iban y la gente ya no salía de casa o había huido fuera de la ciudad, sino habían sucumbido a estos seres grotescos que veían por todas partes.

Ante la naturaleza negativa de la energía que sentía Tía Paua, le dijo a Xena:- Querida, tenemos que permanecer dentro de este pentagrama de sal que voy a trazar en el suelo del comedor, pase lo que pase y oigas lo que oigas no salgas de él, presiento que vienen fuerzas oscuras que nunca he visto, no sé si esto nos protegerá, pero estamos siendo vigiladas por Seres Sombra, he visto pasar a Hombres del sombrero por las rendijas de la ventana, se están llevando las almas de todos nuestros vecinos, dentro de este pentagrama, quizás no nos detecten, voy a conjurar un hechizo de protección trazando un círculo alrededor de él, tú permanece en medio, intenta visualizar a tu querido Josu en una burbuja de color rosado, protégelo con tu intención, quizás así pueda regresar para ayudarnos.

- ¡En el nombre del Macrocosmos y el Microcosmos, lo que es arriba es abajo, la luz vence a la oscuridad, pues en la divina presencia de los doce poderes, conjuro este círculo para que ningún mal, ningún ente ni presencia pueda atravesarlo, en el nombre de Elohim, Adonai y el divino Tetragramatón, así decreto, hecho está!-dijo Tía Paua con decisión y en voz baja pero firme.

Inmediatamente el círculo de sal con el pentagrama se iluminó con una tenue luz azulada, Xena y la propia conjurante estaban dentro del mismo, un viento repentino agitó sus cabellos, era frío como el hielo, una sensación de escalofrío les recorrió la espina dorsal.

Un ruido de llaves se escuchaba en la puerta de la vivienda, Xena y Tía Paua estaban aterradas, dentro del círculo, a pesar de ser de protección, ante tanta negatividad como se sentía en el aire, no se sentían protegidas de verdad.

Oyeron como se abría la puerta y pasos de al menos dos individuos, se quedaron en silencio y a los diez segundos vieron a una figura grotesca, con joroba, cara verde con nariz aguileña que llevaba en sus brazos a una persona, ¡era Josu!, pero el miedo al ver a aquel Duende entrar con él en volandas las hizo retroceder aterradas ante esa visión.

Josu estaba desvanecido, el Duende al ver la reacción de las dos mujeres habló:- Perdón por irrumpir así, os aseguro que no vengo a haceros daño,ahora sirvo a mi Señor Antoine, estoy atado a él, Josu y yo hemos podido escapar de los Elementales Oscuros, sé que os asusto, pero estoy aquí para ayudaros, al igual que he hecho con mi amo, debemos atender a Josu, yo estoy herido y no sé cuanto voy a poder aguantar, necesito agua, medicina, estoy perdiendo mi esencia elemental, esos seres me atacaron y agggghhh-.

En esos momentos el Duende soltó a Josu y cayeron los dos al suelo, inertes; Tía Paua intentó coger a Josu para meterlo en el círculo, lo hizo así e intentó zarandearle para ver si despertaba, tras un minuto haciéndolo, este abrió los ojos y preguntó: -¿Qué ha pasado?, ¿Donde estoy?.

-Estás en tu casa, Josu, un Duende te ha traído hasta aquí, no sé que os ha ocurrido, pero yo no me fio de este individuo, dice que te ha salvado- le dijo Xena.

Tia Paua también asintió, pero Josu les contó lo ocurrido en casa de Antoine, estaba apenado por no haber podido traer la comida, también como habían encontrado al Duende, lo que les había pasado, cómo le había devuelto el Tetragramatón con la gema del desierto a Antoine, la huida con los víveres y el encuentro con el Ser Elemental Oscuro, la lucha de Antoine y su posterior desaparición, la suerte que tuvieron al huir del mismo gracias a la velocidad del Duende.

Tanto él, como su nuevo compañero estaban heridos, no traían comida y en su casa no había gran cosa para poder curarlos, aún así transcurrido un tiempo prudencial Tía Paua deshizo el conjuro y salió del círculo de sal para coger alguna venda, agua y un linimento que había en el baño para curarles.

Nuestro amigo Duende estaba volviéndose translúcido, parecía que su materia se estaba desvaneciendo, eso no era bueno, posiblemente en unas horas desaparecería, en uno de los momentos que estaba lúcido, mirando a Xena dijo:- Mi señora, usted me puede curar, tiene el poder de la noche, lo sé, lo veo, su apariencia es humana pero tiene el poder de los Devas, cúreme, por favor, ¡deme una oportunidad!-.

Xena se quedó mirándole, miró a Josu, vio que estaba bien, a pesar del desmayo, entonces puso una mano en la cabeza de Josu, estiró el brazo con la otra mano hacia la herida del Duende, sin tocarlo, cerró los ojos y un fulgor de luz plateada inundó la estancia emanando de ella, parecía luz de luna, sus manos brillaban con más intensidad, una especie de holograma como de traje de hada se formó alrededor de ella, pero no era como el que tenía cuando era hada, era diferente, era un mono ceñido con una especie de alas en la espalda, transparentes, pero se podían ver con claridad, una olor a flores emanó de repente de todo su cuerpo, Josú y Tía Paua reconocieron la misma como una mezcla de jazmín y galán de noche; con un movimiento de las manos circular fue emanando energía hacía la herida del Duende y la cabeza de Josu, hasta que cayó, extenuada al suelo, respirando agitadamente, su luz se apagó y nuestros amigos empezaron a abrir los ojos y respirar cada vez mejor, la herida del Duende había desaparecido y las magulladuras de Josu también.

Tía Paua quedó maravillada, por lo visto Xena seguía teniendo poder a pesar de haber perdido su condición de elemental, había cambiado, no todo estaba perdido, tenían que ver la manera de aprovechar sus dones para poder salir de esta terrible situación.

Josu se acercó a Xena y la abrazó, estaba extenuada, no sabía lo que había hecho, lo hizo por instinto, aún así el resultado fue espectacular, su poder de sanación era equiparable al de un médico gnomo, por no decir más poderoso.

Una vez repuestos, el Duende se levantó, su materia se había densificado, estaba restablecido, Josu también, Xena se había recuperado, pero tenían mucha hambre, estaban en la dimensión terrena y aquí el agua no bastaba para saciar las necesidades de la materia corporal, acuciaban el agotamiento por hambre y sed.

Estaban encerrados y no podían salir sin sucumbir a los Seres Elementales Oscuros y sus secuaces, siempre que miraban por la ventana, entre los huecos de las persianas veían a cientos de Seres Sombra patrullar los cielos y en la distancia grupos de cuatro Seres Elementales Oscuros, iban haciendo batidas y a su paso arrebataban las almas de cuantos desdichados encontraban a su paso, para provecho de sus jefes Arcontes.

Era una visión dantesca, posiblemente todo el mundo estuviera ya así, no sabían lo que hacer, esperaban un milagro, quisieran que Antoine estuviera ahí para ayudarles, pero El Mago estaba en otro lugar en el que las cosas estaban igual de mal, sino peor, aunque ellos no lo sabían, pensaban que había sucumbido a estos Seres.

Tenían que buscar víveres, y para ello debían camuflarse entre las sombras y los Seres Elementales Oscuros para sobrevivir, quizás un Duende no levantaría sospechas en aquellos momentos si lo veían por las calles, seguramente habrían más, aunque lo raro era que no veían a ninguno cuando miraban al exterior.

El Duende dijo:- Aunque somos esbirros de los Seres Sombra, en estos momentos nos hemos quedado atrapados en el Bajo Astral, junto con las Larvas y los Poltergeist, quieren que seamos la última ola que destruya esta realidad, yo conseguí salir a tiempo antes de que sellaran la cueva de la Estigia, ellos abrieron otros portales más poderosos para penetrar en esta dimensión.

-Quizás tenga una idea para poder ocultarnos y poder ir a coger comida y agua, pero para ello necesitaremos ropa oscura e imantarla con la negatividad intrínseca a mi especie elemental, estoy seguro que puedo hacer que tengáis la apariencia de un Ser Sombra, pero a lo lejos, en la cercanía os podrán ver realmente, ¡rápido, tenemos que ver que hay en los armarios!-.

Miraron en los roperos, armarios y cajas de ropa que tenían los padres de Josu en aquella casa, vieron pantalones y camisas negras, batas de ese mismo color par las mujeres, pañuelos negros para sus cabezas, dos mantones y una capa de ese color, todo muy antiguo; procedieron a vestirse todos igual, con la cabeza tapada, hasta el Duende se puso ropa negra para intentar parecer un espectro.

-Ahora debemos conjurar a la energía sombra, dijo el Duende, para ello debemos juntar nuestras manos y entrar en el círculo de sal, limpiaremos el pentagrama y lo dibujaremos al revés, esto llamará a la energía negra y nos cubrirá dándonos el camuflaje, yo soy inmune a ella, pero vosotros debéis protegeros con pensamientos y oraciones que os ayuden, cuando os vaya a cubrir la energía debéis pensar en cosas agradables, haced algún símbolo de protección que sepáis, da igual cual, pero es importante que no sucumbáis a esta negatividad-.

Entraron en el círculo de Sal y Tía Paua trazó un pentagrama invertido en el mismo, el Duende se puso en medio del mismo y con la voz socarrona y desagradable que le caracteriza conjuró: - ¡Oh, fuerzas oscuras, energía de las sombras, mostrarme vuestro poder y danos parte del mismo, necesitamos oscuridad, os conjuro sin chanza para encontrar la negativa danza, convierte estas ropas en sombras de venganza!-.

Josu, Xena y Tía Paua empezaron a notar como aquella ropa se le ceñía al cuerpo y como a la vez se formaba una especie de neblina negra alrededor de ellos, se sentían pesados y con un cambio de humor brutal, la ira se iba apoderando de ellos, Josu intentó pensar en su perro Winston, en su infancia, en sus padres, en lo que le gustaba, Xena en sus hermanas, en su pasado como hada, Tía Pau en Manuel, su marido, en su cueva, sus hierbas, su satisfacción al curara a personas que la requerían, pero todo se desvanecía en una niebla mental oscura que les provocaba un mal humor que no entendían, pero era necesario lidiar con ello para salir de allí y buscar alimentos.

El Duende no pensaba en nada, ya estaba acostumbrado a estos menesteres, de hecho muchos de ellos decidían convertirse en Seres Sombra cuando les convenía, eran compatibles sus cuerpos con los de ellos en el Bajo Astral, podían cambiar a voluntad una vez superadas ciertas enseñanzas, pero de eso ya hablaremos.

Una vez convertidos en Seres Sombra se dispusieron a salir de la casa, el Duende iba delante, el caos que había en la calle era impresionante, las sombras volaban por doquier, los Hombres del Sombrero patrullaban las calles en una ronda mortal avisando a los Seres Elementales Oscuros que los iban siguiendo, los Arcontes, escondidos en la parte interdimensional entre el Bajo Astral y la realidad iban recolectando las almas que los Oscuros les iban proporcionando, lo extraño era el silencio, todo en silencio, nadie gritaba, nadie pedía ayuda, solo se escuchaba el viento, el pasar de las Sombras y las risas de los Elementales Oscuros que resonaban por doquier, era terrible.

Salieron a la calle y con movimientos rápidos fueron pegados a las paredes de las casas iban cruzando en zig zag para que su movimiento pareciera un poco errático, parecía que los trajes sombra funcionaban, no les veían, incluso alguna de ellas pasaba al lado y no les hacía caso, el Duende hizo bien su cometido para camuflarlos.

Llegaron hasta las puertas de un supermercado, entraron y vieron con desesperación que estaba todo vacío, todo saqueado, pero no se desanimaron tan pronto y siguieron adelante para ver si quedaba algo en el almacén, entraron en el mismo y aunque estaba todo por el suelo y revuelto vieron que habían latas de conservas y ¡botellas de agua!, no se lo podían creer, que suerte habían tenido, pero tenían que ser precavidos y silenciosos, estaban en grave peligro a pesar de su camuflaje.

Continuará...



lunes, 2 de diciembre de 2024

UN PASEO EXTRAÑO CAPÍTULO 36

 


Antoine se vio lanzado por un túnel cuya luminosidad pasaba del blanco hacía el rojo, la luz cambiante del mismo le hacía ver todas las tonalidades en fracciones de segundo hasta que la luz se volvió de un rojo intenso y penetró en un espacio de blancura inmensa.

En ese momento se vio parado en un lugar sólido, la luz no le dejaba ver absolutamente nada, pero se frotó los ojos y enseguida le volvió la visión, reconocía el lugar en donde estaba ahora, la campiña de hierba luminosa, las pequeñas setas iridiscentes, el cielo violáceo, las montañas a lo lejos y en el horizonte el gran árbol que daba entrada a la Ciudad Elemental.

Se sorprendió de haber sido capaz de huir de aquellos seres Elementales Oscuros y atravesar las dimensiones hasta en donde se encontraba ahora, se sentía extraño porque no notaba cansancio ni dolor después de haber tenido el encuentro con aquel ser tan siniestro en la dimensión terrena, no tenía magulladuras, ni siquiera su ropa estaba sucia, no lograba entender esa situación, por lo visto en el plano semimaterial el cuerpo astral es el que rige, el material queda relegado a un segundo plano, aunque por lo visto él seguía siendo el mismo tanto en materia como en espíritu, algo le había sanado y limpiado, el cambio de dimensión le había sentado bien y le salvó, estaba agradecido a su madre y a sus guías, los cuales no conocía, pero ellos a él si, algún día vendrían las respuestas.

Caminó con paso firme a la velocidad elemental, como si fuera un gnomo, hasta llegar a la puerta del gran Roble gigantesco que guardaba la entrada a la Ciudad Elemental.

La inscripción que había en el tronco, escrito en rúnico, donde ponía "Bienvenidos Buena Gente" estaba tachado con una raja provocada por algún hacha u objeto cortante, el árbol ya no tenía la luminosidad que vio la primera vez que penetró en esta dimensión, parecía estar enfermo, las hojas se le iban cayendo, parecía muy enfermo.

Antoine recordaba que en aquel lugar se encontraron por primera vez con Gimmi, en aquel momento no les quiso decir su nombre, les dijo que se llamaba Tom, más adelante se le escaparía y ya le conocieron como Gimmi, también recordaba que con un conjuro, Gimmi hizo aparecer una puerta plateada entre nubarrones negros y rayos poderosos.

Ahora no había nada, solo se veía detrás del Roble, la campiña luminosa y las montañas a lo lejos, no tenía ni idea como podría penetrar en la Ciudad Elemental.

Recordó entonces las palabras de Gimmi cuando en aquel momento hizo aparecer la puerta plateada, entonces alzó los brazos y con voz profunda las pronunció en la soledad de aquel lugar, donde no había nadie.

-Gente Buena, señores de los elementos, tierra, aire, agua y fuego, permitirme entrar en vuestro reino, abrir las puertas de la Tierra Elemental, soy un elegido, ya vengo, recibirme si lo merezco-.

El silencio se hizo denso, parecía poder cortarse con un cuchillo, transcurrieron lo que le pareció unos segundos, el cielo violáceo comenzó a oscurecerse con nubarrones negros, rayos emergían de los mismos, uno de ellos impactó en el suelo, a unos metros del Gran Roble, con una explosión poderosa, un ruido ensordecedor y una luminosidad blanca que le cegó por completo.

Al despejarse el polvo y la luz proveniente del impacto de rayo, emergió la puerta plateada, pero esta vez no había luz en su interior, estaba oscura, tenebrosa.

Antoine tuvo miedo, tenía un mal presentimiento, se había salvado de los Elementales Oscuros en su dimensión, pero en está temía que hubiera pasado algo, no veía a ningún Elemental ni ningún movimiento, penetró en la oscuridad de la puerta y cuando la atravesó sus ojos no podían creer lo que veían.

La Ciudad Elemental aparecía arrasada, los árboles y bosque de los Gnomos estaban calcinados, se veían los ropajes de los mismos en las calles, no había cadáveres, solo restos de sus utensilios y sus gorros, chaquetas, pantalones y demás ropa quemada a jirones por todos lados. 

El lago de las Ondinas estaba seco, no se veía ni rastro de ellas, era increíble, ni una gota de agua quedaba en aquel lugar, el "barrio" de las Salamandras parecía no haber sufrido daño, pero no se veía el ir y venir de estos seres, todo parecía muerto, el lugar donde se veían los remolinos de aire estaba quieto, nada se movía por allí, los Silfos habían desaparecido, ¡todo el mundo elemental había sucumbido!, algo terrible habría pasado, tenía que averiguar que era.

Recordó el Gran Árbol del Fauno, se dirigió corriendo con la velocidad que solo los elementales pueden tener, en poco tiempo estuvo allí.

Se paró delante de su tronco y con gran tristeza vió como había sido talado por una enorme sierra o rayo poderoso, las puertas que cerraban la cueva que había debajo de él estaban rotas, no se veía luz en su interior, ni nada, un olor penetrante salía de ella.

Frotó su medallón para infundirle luz, la gema que le regaló su madre iluminó la entrada de la Cueva del Árbol del Fauno, el olor penetrante se hizo más intenso, olía a podredumbre, recordaba el olor a naturaleza salvaje que había en aquella estancia la primera vez que entró.

Vio destruidas todas las obras de arte que el Fauno tenía, los cuadros destruidos, los atriles con los libros que habían en las paredes de la cueva ya no estaban, alguno estaba quemado en una esquina.

Unos metros más adelante estaba el despacho del Fauno, la puerta estaba destrozada, penetró en la estancia iluminando con su gema del desierto fundida con su tetragrámaton y el caos era increíble, detrás de la mesa donde les atendió el Fauno vio una sombra oscura que se escondía, unos ojos rojos le delataban, ¡era un Ser Sombra!, con rapidez iluminó la zona y aquel ser oscuro se elevó en la estancia y con una velocidad endiablada, flotando, salió por la puerta y desapareció, el olor a podrido disminuyó un poco; ¿qué hacía un Ser Sombra en el Reino Elemental!, Antoine se temía lo peor, una gran desgracia había ocurrido en esta dimensión, tenía que averiguar más y hacer algo, sus amigos le necesitaban, Josu, Xena, Tía Paua, Gimmi, incluso el Duende que encontró en el pueblo.

Se acercó a la enorme mesa escritorio de aquel despacho, iluminó debajo de ella y cual fue su sorpresa al ver completamente desvanecido a ¡El Fauno!, -¡Mi Señor!- dijo Antoine, intentando levantarle la cabeza mientras comprobaba si respiraba.

Tenía los ojos cerrados, quemaduras por todo el cuerpo, en las patas de macho cabrío, con el pelaje carbonizado, heridas en su torso y brazos, un cuerno roto y magulladuras en su rostro, pero comprobó que aún estaba vivo.

Intentó buscar algo con lo que recostarlo en el suelo, era enorme, con sus dos metros de altura  y su gran corpulencia  costaba de mover, pero lo acomodó y con su luz intentó buscar algo de agua en la estancia; la encontró en un jarrón que por alguna razón había permanecido intacto a pesar de lo que hubiera sucedido.

Le remojó la cara, le dio algún sorbo de agua y le intentó despertar, pero no respondía, estaba vivo pero inconsciente, no sabía como obrar ante esta situación en la actual dimensión elemental, intentó infundirle curación imponiéndole las manos y concentrando toda su intención en ello.

Una luz blanquecina apareció alrededor de las mismas, instintivamente las colocó en su pecho arqueándolas y poco y sin llegar a tocarlo, una unión de luz se las pegó al mismo, transcurridos unos minutos el Fauno empezó a jadear y en un movimiento brusco despertó, como un resorte se levantó y por la debilidad cayó de rodillas, estaba en shock.

Antoine siguió imponiendo las manos en su espalda, arrodillado el Fauno jadeaba, pero cada vez con menor intensidad, hasta que normalizó su respiración y sin mediar palabra se sentó en un rincón de la estancia apoyando su espalda contra la pared, sus pezuñas estaban también rotas como si hubieran sufrido golpes o hubieran sido usadas violentamente.

Antoine se acercó al Fauno y le volvió a ofrecer agua - Mi señor Fauno, ¿Se encuentra mejor?, ¿Puede hablar?- Aaaarghhh, carraspeó el Fauno, - ¡Antoine!- dijo con voz trémula y débil- querido amigo, ha sucedido algo terrible, Ujucc, ujuuc, aaarghhh, nuestro Reino está condenado a desaparecer, hemos sido atacados por una horda de Seres que no habíamos visto nunca, con una negatividad y oscuridad jamás sentida, ni mis poderes de Semi-Dios han podido contener tanta maldad-dijo el Fauno.

-Justo cuando os fuisteis de esta dimensión en busca de las Hadas, se empezó a notar una electricidad extraña en el aire de esta dimensión, mis sentidos mágicos se pusieron en alerta, algo malo iba a ocurrir; los Gnomos, junto con algún Silfo y Salamandras vinieron a verme porque notaban presencias extrañas en las calles de nuestra Ciudad Elemental, el cielo se oscureció sin haber nubes, la luz de los árboles empezó a menguar, el aire olía a ozono y los rayos antes blancos ahora caían de color más negro que la oscuridad, destruyendo todo lo que tocaban.

Una gran tormenta eléctrica precedió a la entrada de unos seres oscuros que nunca habían sido vistos por los Seres Elementales, junto con ellos iban otros de los cuales había oído hablar pero creía que estaban relegados a actuar en el Bajo Astral, eran Arcontes, vinieron por cientos, majestuosos con sus tremendas y aterradoras armaduras, luego varios Hombres del Sombrero les adelantaron para penetrar en la ciudad, junto con sus esbirros sombra, todo lo que tocaban quedaba carbonizado, nuestros poderes elementales no podían hacer nada contra ellos, campaban a sus anchas destruyendo todo lo natural de este lugar, miles de gnomos, ondinas, silfos y salamandras huyeron a vuestra dimensión, otros cientos sucumbieron a su oscuridad, desapareciendo para siempre.

Aquellos que huyeron se fueron en busca del refugio de las hadas, los otros intentaron combatir con magia a los Arcontes y los Seres Sombra, parecían retenerlos un poco, pero detrás de ellos estaban aquellos desconocidos, los Seres Elementales Oscuros, dijeron llamarse, ¡Seres Increados!, adimensionales, con su energía de antimateria lo arrasaban todo y nos hacían sucumbir a su extraordinario poder negativo, nos tocaban y desaparecía nuestra energía, y nuestro ser, arrasaron la Ciudad en solo unos pocos minutos.

Unos cuantos Hombres del Sombrero entraron en mi Gran Roble, penetraron en la cueva, totalmente desprotegida por mis guardianes Gnomos, habían desaparecido al toque de uno de estos Seres que tenía cristales clavados a su cuerpo, con luz verdosa.

Este ser se acercó a mí y me dijo: -Ahora vuestra dimensión es nuestra, vais a desaparecer, tu ya no pintas nada en esta realidad, Fauno infecto, ¡tu olor a cabra no se volverá a sentir!, ¡muere maldito híbrido!, con un rayo de sus ojos dirigido a mis pezuñas me hizo caer y con una gran energía noté como me quemaba, solo recuerdo que desfallecí y que tú me has despertado, ¡Gracias Antoine!, estamos ante el peligro más grande que acecha a este Mundo y al tuyo, debemos intentar hacer algo por salvar a los míos y los tuyos, ha empezado la Entropía Elemental que tanto nos auguraban-.

Antoine estaba sorprendido y apenado por las palabras del Fauno, le dijo: -Mi Señor, conozco a estos seres, me he enfrentado a ellos en mi mundo, mis amigos también peligran allí, me pude librar de ellos saltando a esta dimensión, casi sin saber que podía, mi madre me ayudo gracias a su gema, un Duende me devolvió el medallón que la contenía, quizás fue un milagro el poder recuperarla o una causalidad, pero gracias a él pude aprender a dar el salto dimensional, dígame que puedo hacer para ayudar, estamos todos en peligro-.

El Fauno se incorporó con esfuerzo y con gran pena le dijo a Antoine: -Querido mago, me apena decirte que he perdido tu preciado libro, en él escribí todos los secretos que te quería confiar, aparte de lo escrito por Paracelso, pero ha desaparecido de este lugar, probablemente lo hayan cogido los Seres Sombra, ahí hay fórmulas alquímicas y mágicas que mal usadas pueden destruir todo lo conocido-.

-No nos preocupemos ahora por eso, Fauno, debemos intentar salir de aquí y ver si hay más Elementales que nos puedan ayudar, por lo visto estos seres se han trasladado a la dimensión de Gaia, a la nuestra y ella está en peligro, debemos encontrar a los supervivientes elementales e ir a mi mundo a luchar contra estos seres Elementales Oscuros y todos sus secuaces, aquí han arrasado, allí lo están haciendo y si sucumbimos todo habrá acabado para Gaia-.

Con gran esfuerzo agarró al Fauno y los dos salieron de aquella cueva, tropezando con los escombros de las obras de arte, los cuadros y libros que con gran pena miraban tirados, quemados y destrozados por el suelo.

Salieron al exterior y la desolación que contemplaron era máxima, los árboles de lo Gnomos iban cayendo por la podredumbre y la ceniza, el lago de las  Ondinas era un desierto, los volcanes de las Salamandras echaban humo negro que cubría la atmósfera de aquel lugar y el lugar de los Silfos era un hueco silencioso.

El Fauno cogió una rama de un metro y medio que estaba recta y la usó de bastón, apoyándose en Antoine iniciaron la marcha para buscar supervivientes, Antoine pensó en ir a Casa de Gimmi, en el Roble Negro que había lejano en la otra punta de este barrio, allí se dirigieron, era vital saber se seguía vivo nuestro amigo Gnomo, era un médico muy preciado y Fauno lo necesitaba.

Continurá....




domingo, 10 de noviembre de 2024

UN PASEO EXTRAÑO CAPÍTULO 35

 


Salieron de casa de Antoine alrededor de las diez de la noche, recogieron todos los alimentos que pudieron, con ellos también iba el Duende que se escondió en esta casa para devolverle el medallón Tetragrámaton a Antoine, al parecer sus intenciones eran buenas, quería ayudar y redimirse de su condición, Antoine lo ató con un hechizo de servidumbre mágica, ahora unido a él, debía de servirle en todo lo que le pidiera, a condición de que le ayudara a convertirse en un ser elemental que perteneciera a Gaia.

Josu iba delante seguido de Antoine y el Duende, que no se despegaba de él, sus ropas harapientas y el olor tan horrible que desprendía tenían consternados a nuestros amigos, el Duende se dio cuenta de ello y les pidió disculpas por estar en este estado.

Avanzaron en silencio por las calles desiertas, el cielo estaba oscuro y lleno de tormenta eléctrica, algunas personas errantes salían de los edificios cabizbajos, con paso lento, como zombis,los coches ya no circulaban porque estaban taponando las calles con sus accidentes, a lo lejos se oía una sirena de bomberos, se veía humo en un lugar alejado de la ciudad, el aire olía como a ozono, la electricidad del mismo era evidente, Josu tenía los pelos de punta por la estática del mismo.

De repente, el Duende se paró, oteó el horizonte y oliendo el aire le dijo a Antoine: - Amo, algo maligno se acerca, son varios, lo noto en mi piel, es una energía oscura muy poderosa, debemos escondernos, van a pasar por aquí en poco tiempo-.

Josu se quedó parado con todos los bártulos, Antoine hizo lo mismo y dijo:- ¡Rápido, vayamos a esa tienda que hay abierta allí enfrente, si Duende dice que viene algo, no creo que nos mienta, también estoy notando algo extraño en mi piel, no sé explicarlo, noto oscuridad que irradia malignidad, no nos demoremos, Josu!-.

Cogieron toda la comida y corriendo cruzaron la calle, atravesaron la puerta y la cerraron poniendo una madera encajando la misma en la cerradura.

Se acacharon mirando por una rendija que quedaba abierta del escaparate de aquella tienda y ojo avizor vieron ,transcurridos unos instantes, como unas figuras negras, con cuerpos extraños, llenos de protuberancias, enormes, oscuros como el azabache, con los ojos rojos, irradiando una luz verde esmeralda muy tenue pero visible como iban lanzando rayos por los mismos hacia las personas errantes que cruzaban por la calle, siempre que alcanzaban a una de ellas, inmediatamente se formaba un vórtice encima de la misma y una mano enguantada en una armadura salía del mismo y recogía una luz blanca que salía de esa persona, entonces caía inerte y en otro vórtice negro, desaparecía.

Nuestros amigos se quedaron aterrados, eran cuatro sujetos, uno con su cuerpo lleno de cristales puntiagudos desde la cabeza a los pies, otro con barras verdes de un metal refulgente clavadas por todo el cuerpo, otro tenía forma de barril, con una sustancia negra rezumando por todos los pliegues de los brazos y piernas, incluso del cuello, el último parecía una persona normal pero en su pecho tenía un símbolo extraño, era un círculo abierto en cuyo interior había una A extraña.

Ni Antoine ni Josu habían visto nunca ese símbolo, el mismo brillaba con una extraño fulgor plateado, que iba mutando a otro violáceo y verdoso, así en un patrón siempre igual.

El Duende, en voz baja dijo: - Compañero Josu, Amo Antoine, estos son los seres increados de los que os hablaba, no forman parte de este mundo, ellos han penetrado a este mundo llamados por la maldad de vuestra humanidad, ellos van a destruir vuestra civilización, están haciendo el trabajo sucio para que los Arcontes acaban con vuestras almas y provoquen la Entropía Elemental, ahora en estos momentos las leyes naturales ya no rigen vuestro entorno, la oscuridad irradiada es la dueña de vuestro mundo a pasos agigantados, hasta los Seres Sombra están escondidos ante tanta maldad.

-¡Son los Elementales Oscuros!- dijo Josu en voz baja, Antoine asintió con la cabeza y el duende se agazapó escondiendo su hediondo cuerpo aún más, estaban asustados, notaban el tremendo poder y el horror que estos seres provocaban.

Pensaron en Tía Paua y en Xena, no sabían que sería de ellas, no se podían comunicar, todo estaba oscuro y estos seres estaban patrullando las calles para recoger almas y hacer desaparecer a las personas, ahora si que creían que estaban perdidos.

Tenían que llegar a casa de Josu, ahora estaban escondidos viendo el dantesco espectáculo que aquellos seres oscuros estaban provocando en las calles del pueblo, por ende dedujeron que todas las demás ciudades también estarían afectadas por este extraño suceso que les había pillado desprevenidos, justo cuando salieron del Bajo Astral, había empezado todo.

Los Seres Elementales Oscuros estaban a solo unos metros de ello, un zumbido extraño se escuchaba proveniente de ellos, era como el que provoca una torre de alta tensión cuando estás cerca, los vellos de los brazos se les ponían de punta, sentían un cosquilleo en todo el cuerpo muy desagradable, seguían agazapados, escondiéndose de aquellos cuatro seres apocalípticos, la impresión que daban era tremenda, un terror inmenso les invadía, hasta el Duende, acostumbrado a ver seres horribles tenía la cara desencajada por el miedo, sentimiento extraño en un ser de su condición, pero lo estaba viviendo.

Rezaban porque no se dieran cuenta de su presencia, veían como avanzaban por la calle hacía la esquina para perderse, entonces cuando estaban a punto de girar la misma y desaparecer, un movimiento de Josu hizo crujir al chocar su pie con una puerta de un mueble de aquella tienda.

Inmediatamente uno de los cuatro Elementales Oscuros se quedó parado, escuchando, miró hacia el escaparate de la tienda donde estaban ellos, con su ígnea y roja mirada se fijó en la rendija, era el ser Oscuro con el cuerpo lleno de cristales puntiagudos, la intensidad de su luminosidad se hizo más fuerte, con paso firme se situó delante del escaparate, el horror y el miedo se apoderó de nuestros amigos, el Duende tenía los ojos desencajados dándole un aspecto aún más asqueroso, Josu retrocedió hacia el interior de la tienda, Antoine le tapó la boca al Duende e hizo lo mismo, se pusieron detrás de un mostrador.

El Ser Cristalino Oscuro levantó con violencia la persiana del escaparate, con voz atronadora dijo: -¿Quién está aquí?, salid inmediatamente, no vais a escapar de mí, os detecto, humanos, ahora debéis servir de alimento a nuestros aliados-.

Con paso firme y decidido se dirigió hacia el mostrador, ahora era cuestión de vida o muerte para nuestros tres amigos, Antoine en un gran gesto de valor decidió levantarse y con voz firme se enfrentó al Elemental Oscuro, le dijo: -¿Quien eres, no perteneces a este mundo?, ¿qué extraño conjuro te ha traído de las tinieblas?, en la ley natural tú no podrías existir aquí, ¿quien os ha dado permiso y materia?, increados-.

El Ser Oscuro se quedó parado, mirando fijamente a Antoine, en un gesto de desprecio se le quedó mirando y dijo:- Vaya, tenemos a un ser humano despierto, no puedo creerlo, por lo visto nuestra radiación no es tan efectiva como creíamos, por lo que veo tú nos conoces, sabes de nuestra naturaleza, debes de ser un mago, no hay otra opción, solo vosotros podéis saberlo-.

-Así es- dijo Antoine, soy mago, conozco las energías y veo que vosotros no sois de buena vibración, estáis destruyendo esta dimensión, pues no pertenecéis a ella, os habéis aliado con otros increados para destruir a Gaia, a los Elementales y por supuesto a liquidar a la humanidad, ¡No tenéis derecho!-.

-Jajajaja, ¿Quién dice que lo necesitamos?, vuestra maldad intrínseca nos ha creado, somos vuestros hijos, humanos, vuestra ciencia atea y destructiva ha sido nuestra matriz, ella nos ha engendrado, vuestra ciencia nuclear nos ha dado nuestros poderes, vuestra intención destructiva al crearla nos ha dado nuestro espíritu, con vuestros aceleradores de partículas nos habéis materializado trayendo la antimateria a este mundo, por ende nosotros con ella, venimos a crear con ella otro mundo distinto, para ello debemos destruiros y destruir a Gaia y a sus elementales-.

Mientras Antoine distraía al Elemental Oscuro, Josu y el Duende retrocedieron por detrás del mostrador hacia una habitación interior de la Tienda, allí vieron que había una puerta trasera que daba a la otra calle, intentaron llegar a ella para abrirla, tocaron la manivela y estaba cerrada, al lado en la parte de arriba de la puerta había un manojo de llaves colgado, quizás una de ellas podría abrirlas, el Duende le dijo a Josu: - Me voy a desmaterializar para no ser visto por el Elemental Oscuro, intentaré coger las llaves para abrir la puerta-. 

Antoine estaba aterrado, no quería parecer débil, el Cristalino Oscuro fijó su mirada en él y con un gesto echando la mano hacia delante hizo brotar de la misma un haz de luz verde que rodeó a nuestro mago, lo hizo levitar rodeada de la misma y lo estampó contra una de las esquinas de la tienda, no se desmayó y pudo levantarse, pero estaba en shock y no sabía que hacer en ese momento.

Recordó que podía pedir ayuda a sus guías espirituales, en su interior los invocó, se sentía realmente perdido, este ser era tan poderoso que no había hechizo ni invocación que le funcionara, o por lo menos eso pensaba.

Un calor irradiado por aquella luz verdosa que le rodeaba lo estaba debilitando, sentía que su energía se concentraba en su bajo vientre y le daba la sensación de que se le iba a salir por allí, entonces comprendió que era aquella luz, era su energía vital junto con su espíritu que estaba siendo absorbido por el Elemental Oscuro, ¡estaba perdiendo la vida!, entonces pensó en su madre, en su medallón, en la fuerza elemental que el tenía en su interior, intentó sacarla afuera y desmaterializarse como un ser elementario.

Josu y el Duende seguían al fondo de la tienda, Duende empezó a hacerse translúcido y cuando casi no se veía alargó la mano y con un gran esfuerzo cogió el manojo de llaves y con un movimiento rápido se escondió junto con su compañero.

-Ahora debemos elegir la llave correcta- dijo Duende- voy a probar esta de color dorado a ver, Antoine lo está pasando mal, debemos huir, Josu-.

Eligió una llave dorada, la introdujo con su rapidez de duende dentro de la cerradura, pero no iba, probó otra, y otra, solo quedaban dos llaves, el Ser Elemental Oscuro estaba entretenido intentando absorber la energía de Antoine, pero su mirada roja se fijó en nuestros amigos, vio al Duende translúcido y a Josu agachado, con un rayo que salía de sus ojos apuntando al Duende le hizo volverse visible otra vez, con el mismo lo hirió en un costado, de la herida salía un humo verdoso, con un grito lastimoso cayó de bruces al suelo, soltó las llaves que Josu cogió con gran velocidad, esquivando otro de los rayos que emitían los ojos del Elemental Oscuro.

Antoine se iba desmaterializando, rogaba sabiduría a sus guías, pensaba en su madre y en su poder elemental heredado de ella, entonces vino a su mente las palabras que le dijo: -Puedes llamarme en cualquier momento, ahora puedes entrar en el Reino Elemental a voluntad, yo te guiaré en ello-.

Pensando estas palabras, sujetado por el Ser Elemental Oscuro y desmaterializándose empezó a ver en su mente un túnel brillante, dentro habían tres seres luminosos, ¡Eran sus Guías!, habían venido en su ayuda, pero de repente se apartaron a un lado del tunel y como en una visión celestial se apareció Brigitte.

-¡Madre!- gritó Antoine- ¡Tienes que ayudarme!, ¡Me van a absorber a la nada de la antimateria!, ¡Dime como ir al Reino Elemental!, por favor-.

La visión de su madre se hizo más intensa, una luz azul brotó de la misma, sus Guías, que estaban apartados a un lado se juntaron con Brigitte en aquella luz y entonces el conocimiento vino a su mente, ahora sabía como entrar en el Reino Elemental y desaparecer de el gran peligro que corría en este momento.

Ahora sabía la forma de desaparecer e ir a otro lugar, sin pensarlo conjuró un portal, ahora ya sabía como hacerlo, dijo: -"Vires quattuor elementorum, da mihi clavem ianuae mundo tuo, in nomine Gaia coniuro te in me esse et veniam petendi."

 "Fuerzas de los cuatro elementos, dadme la llave de la puerta a vuestro mundo, en el nombre de Gaia, os conjuro en mi ser y solicito el permiso."

Un vórtice se abrió en ese momento absorbiendo a Antoine, en un abrir y cerrar de ojos desapareció en el techo de la tienda, Josu y Duende estaban aterrados, se quedaron solos, Duende estaba herido, Josu magullado en un rincón, el Elemental Oscuro se quedó estupefacto al ver desaparecer al mago, entonces se giró hacia ellos y con una mano cogió de la cabeza a Josú, lo lanzó hacia la puerta trasera y con el tremendo golpe la rompió y cayó en la otra calle, Duende se arrastraba para salir, el Elemental Oscuro rompió de un puñetazo el mostrador y pasó rápido a volver a coger a Josu fuera, en la calle, Duende había salido y con su rapidez, a pesar de estar herido, cogió en volandas a Josu y se fueron raudos con una velocidad increíble a donde no estuviera el Ser maligno que los quería destruir.

Los otros compañeros del Elemental Oscuro le aguardaban en la esquina de la calle, divertidos, como pasando un buen rato viendo el sufrimiento que inflingía a nuestros amigos este Ser, aquel al ver desaparecer también al Duende y a Josu, emitió un chillido agudo como una bestia salvaje, se elevó flotando en el aire para ver si los veía, pero no fue así, su frustación era evidente, eran los primeros seres humanos y elementales que se les habían escapado, esto no quedaría así.

El Elemental Oscuro se reunió con sus tres compañeros y prosiguieron su marcha destructiva, la gente de los edificios estaba escondida bajo sus camas, en sus armarios, sin hacer ruido para no llamar la atención de estos cuatro Elementales terribles, parecían los cuatro jinetes del apocalipsis, pero sin caballos.

Josu y el Duende habían surcado unas cuantas manzanas en unos pocos segundos, pero esto había agotado la mermada energía de Duende, debían llegar a la casa donde estaban Xena y Tía Paua, sin Antoine, no sabían que había sucedido, para colmo, ya no llevaban la comida, no tenían nada, la herida de Duende no tenía buena pinta, Josu estaba destrozado y nadie les podía ayudar, quedaban aún varias manzanas para llegar a su destino, el panorama no pintaba bien.


Continuará...

 
 

domingo, 27 de octubre de 2024

UN PASEO EXTRAÑO CAPÍTULO 34

 


 Fueron penetrando sigilosamente por todas las estancias de la casa de Antoine, cuando estuvieron en la cocina cogieron bolsos que habían colgados en un lado del mueble de la misma, lo llenaron con todos los víveres que pudieron encontrar, sal, pimienta, otras especias, patatas, cebollas, latas, botellas de leche, todo lo que había en la nevera, que estaba en buen estado, intentado no hacer mucho ruido.

Cuando llenaron los bolsos los pusieron en un carrito de la compra que Antoine tenía en su despensa, según sus cálculos tendrían comida para unos cuatro días, tenían el pensamiento de ocultarse en la casa de Josu durante ese tiempo a ver que ocurría con este extraño suceso.

El ambiente en la casa de Antoine estaba cargado, notaban algo raro, se sentían observados, había algo o alguien en aquel lugar, el sexto sentido mágico de Josu y Antoine, que habían desarrollado durante su aventura en el Bajo Astral les decía que algo que no era terrenal permanecía en esta casa.

Antoine se puso alerta, cogió rápido la sal del carro de la compra y esparció un puñado formando un círculo alrededor de Josu y de él.

Josu se quedó quieto, dejándole hacer, estaba seguro que su intuición no le fallaba y Antoine estaba protegiéndose y protegiéndole a él también, algo estaba acechando en la semipenumbra de la estancia donde estaban, en el comedor.

El aire de la habitación se enrarecía por momentos, un olor a moho, a humedad y fango emergió de repente en aquella estancia.

Antoine con voz firme dijo: -¡Seas quien seas, aparece de la oscuridad, en el nombre de Adonai, te insto a revelarte, no puedes penetrar el círculo de sal sagrado, no me obligues a atacarte, revélate, espíritu inmundo!-.

Transcurrieron unos segundos de silencio, entonces de la puerta de la cocina, en aquella semipenumbra, se escucharon crujidos en la madera del parquet , se dirigían hacia el comedor, entonces vieron una sombra más oscura que aquella penumbra, una sombra de ¡Un Duende!, era uno como los que habían atacado la cueva de las hadas, como los que les atacaron en el Bajo Astral, pero había algo diferente en él, no parecía tener la cara de rabia de todos sus compañeros.

El Duende se fue haciendo más visible a medida que avanzaba, su rostro era menos verdoso que los que habían combatido y escapado en su anterior aventura.

El mismo levantó las manos en señal de paz, su olor era insoportable, pero con la característica voz socarrona y desagradable de su condición dijo:- ¡No quiero haceros daño!, soy uno de los Duendes que os atacaron en el Bajo Astral, estuve en la batalla con las Larvas, tengo algo que os pertenece, he venido a devolverlo y a avisaros!-.

Antoine y Josu se quedaron estupefactos, con los ojos como platos, no sabían que decir ante esta aparición espectral tan desagradable, pero a la vez sorprendente, era la primera vez que un Duende les hablaba de forma amable, ¿qué sería lo que este ser tendría que quería devolverles?.

-¿Qué has venido a hacer a esta dimensión, sucedáneo de Daemon?, seguro que eres un explorador que vienes buscándonos, nos has seguido el rastro,  nada bueno puede venir de un Duende, no pretendas engatusarnos con tu labia de serpiente-.

-¡Antoine!, escúchame atentamente, he venido arrastrándome por una grieta de dejaron quienes han entrado a este mundo sin permiso, soy Duende, pero algo que tu perdiste y yo cogí me ha cambiado, he visto la realidad, me avergüenzo de mi condición, se me ha revelado una verdad que no conocía y ahora quiero vivir, deseo un cambio, se me ha mostrado un camino de redención, ahora sé que también soy Elemental-.

-No te creo, Duende, acércate a nuestro lado y dime que es lo que te ha hecho reflexionar de esta manera, ¿qué es lo que perdí y vienes a devolver?, ¿qué has visto para llegar a estos pensamientos?, es muy extraño que un ser como tú tenga ganas de cambiar y ver la luz de Gaia-.

El Duende se acercó, se dieron cuenta entonces que el color de sus ojos, antes negros, como todos lo de su clase, ahora eran de color claro, su mirada parecía limpia, entonces sintieron compasión al mirarle a los mismos, algo en sus corazones les dijo que era verdad lo que el Duende contaba.

-¡Enséñame lo que venías a devolver, por favor! Desconfiamos de ti, es demasiado extraño que un ser como tú quiera devolver algo y menos confesar todo lo que nos estás diciendo!-.

El Duende se metió la mano en el bolsillo central de su pantalón roído, escondiéndolo en el puño, abrió la mano y cayó una especie de medallón fundido con una piedra preciosa, colgando de la cadena en uno de sus dedos.

Antoine no daba crédito a lo que estaba viendo, lo que este ser había traído era su medallón del Tetragramatón fundido con la Gema del desierto que su madre le regaló, recordó que lo había perdido en la batalla contra los Duendes, cuando las Larvas Astrales les "ayudaron", lo dio por perdido para siempre, también le sirvió para darse cuenta que sus poderes no venían de ese u otros objetos, sino de si mismo, que era él quien los cargaba, pero le tenía apego porque le ayudaron mucho a encontrar esa verdad.

-¿Cogiste el medallón en el Bajo Astral y lo has traído hasta mi casa?- dijo Antoine- ¡Cómo has sabido donde vivía y porqué quieres devolverlo!-.

-El medallón me lo dijo, él me ha traído hasta aquí, quiere volver a tus manos, también me ha enseñado muchas más cosas, me ha hablado de la bondad, de la humanidad, de la luz, de la naturaleza, me ha dicho que papel tengo yo en la misma, he conocido cosas que nunca pensé saber, por eso estoy aquí, quiero cambiar, ha pasado algo terrible en nuestra dimensión oscura, se ha abierto un portal enorme, han traspasado el umbral de la realidad, han penetrado en este mundo seres más terribles que aquellos que conocisteis en el Bajo Astral, incluso nos están atacando y destruyendo en aquella dimensión, han penetrado en la vuestra y quieren acabar con el equilibrio dimensional que existía, esto me lo ha revelado el medallón, me hablaba una voz femenina, creo que era un hada, no recuerdo bien su nombre, creo que era Bridget, no, Brigitte, eso, así se llamaba, ella me dijo que te buscara, que me iba a ayudar a cambiar, que tú, Antoine serías quien lo hiciera, que sabrías cómo-.

-¡Dices que esta hada contactó contigo!, ¿cómo lograste hacerlo?-.

-Cuando escapé de la lucha, me escondí en una cueva próxima, esperando a que pasase el ataque de las Larvas Astrales, muchos de mis compañeros desaparecieron absorbidos, por las mismas, tenía el medallón en la mano, lo apretaba con fuerza, sentía un calor extraño, que nunca había sentido algo así, me empezó a invadir una sensación de tristeza, de dolor en mi corazón, los Duendes no podemos sentir eso, ahora lo sé porque el medallón me lo hizo aprender, entonces miré directamente a la gema que había fundida con aquella estrella extraña de medallón, en mi mente aparecieron imágenes de un desierto, de la belleza del cielo estrellado, de la arena barrida por el viento, imágenes de Oasis maravillosos, de lluvias que lo inundaban y crecían millones de flores hermosas, entonces escuche la voz de Brigitte, me decía que siguiera mirando aquellas imágenes, que me olvidara de mi condición, que siguiera los pensamientos que ella me estaba transmitiendo, escuché música maravillosa, imágenes de niños humanos jugando, vi lo que era la alegría, las celebraciones, la risa, algo impensable para un Duende, entonces poco a poco el calor del medallón se transmitió a mi oscuro corazón y empecé a anhelar sentir, querer, reír, ser un Ser Elemental, formar parte de Gaia, dejar la oscuridad-.

-La voz de Brigitte me instruyó durante mi tránsito a esta dimensión en aquella grieta que abrieron los que pretenden destruir esta realidad y provocar lo que ella me dijo: "La Entropía Elemental", y por ende la de la Humanidad-.

-Entonces cuando atravesé el portal de los que no tienen permiso, aparecí en la Sierra de vuestro pueblo, rápidamente bajé al pueblo en la noche, con mi habilidad de explorador y rapidez de Duende, siguiendo las instrucciones del hada, llegué a tu calle y con la habilidad de un ladrón abrí la puerta y me agazapé en un rincón custodiando el medallón, esperando el momento en el que vendrías, ella me lo pidió así, y así lo he hecho, espero me perdones y tengas misericordia de este Duende arrepentido-.

-Hay algo que no entiendo,- dijo Josu- Dices que entraste por una grieta de un portal que habían abierto unos seres que son peores que vosotros, que las sombras, ¿quienes son esos seres?-.

-El Duende mirando cabizbajo, temblando dijo: -Son lo peor que le podía pasar a este mundo, han estado contenidos durante décadas, las fuerzas de nuestra enemiga Gaia junto con sus elementales los mantenían sellados en su no-dimensión, en la antimateria, pero vuestra ciencia ha logrado abrir un portal por el que se han colado, ellos quieren destruir a todo ser Elemental y por ende también humano, se quieren adueñar de todas las dimensiones hasta llegar al Alto Astral, verse con lo que denomináis "Dios", estoy hablando de los Seres Elementales Oscuros, creados por vuestra ciencia nuclear y transportados aquí mediante vuestros aceleradores de partículas, ellos han creado los portales por los que han entrado, ahora su número es crítico y ya han empezado su "revolución"-.

Antoine le instó a que dejará el medallón en el suelo, al lado del círculo, el Duende lo dejó y con un movimiento rápido lo cogió, en ese momento el medallón empezó a emitir una luz violeta, formando una especie de holograma, entonces en el mismo apareció Brigitte.

-Hijo mío, estamos atravesando un momento crucial, cuando penetrasteis en el portal hacia vuestro mundo, los doppelganger avisaron mediante un enlace dimensional, aprovechando los experimentos de un laboratorio de aceleración de partículas atómicas en vuestro país, entonces lo abrieron y dejaron entrar a los temibles Seres Elementales Oscuros, ellos vienen a descontrolar vuestra sociedad, llenar de apatía y de oscuridad la mente de los humanos, entrar en el mundo Elemental y destruir todas las leyes de la naturaleza, su misión es destruir a Gaia, aprovechan vuestra locura científica y vuestra técnica de destrucción para sus objetivos, son aliados de Los Arcontes, ellos destruyen los cuerpos y ellos recolectan la almas para volverlas a este mundo en decadencia total, así se alimentarán muchísimo más, hasta el fin de todo lo conocido, ahora si que tenemos que actuar para detener esto, querido Antoine, estamos todos en peligro-.

El holograma se cerró, Antoine quedó preocupado por su madre, pues no sabía como contactar con ella, pero por lo visto el medallón valía para muchas más cosas de las que sabía, era un nexo de unión con ella, aunque ahora no podía contactar.

El Duende se puso de rodillas y le pidió a Antoine: - Por favor, vengo en son de paz, quiero ayudaros, dadme una oportunidad, he visto lo que es la vida, la bondad, la risa, ahora que lo conozco quiero librarme de toda mi oscuridad, quiero ser útil, servir a mi señora Gaia, conviérteme  en Elemental, tú sabes hacerlo, o Mago, tienes el poder, ella me lo ha dicho-. 

Josu se quedó mirándolo con compasión, la cara del Duende se había vuelto de un verde rosáceo, sus ojos se habían vuelto claros y su mirada delataba arrepentimiento, le dijo a Antoine: - Todo el mundo necesita otra oportunidad, veo que este Ser parece que quiere cambiar, si sabes como librarle de su condición, creo que deberías hacerlo, necesitamos aliados, el mundo se ha trastocado mucho, si hay alguien que pueda estar contra el enemigo, debemos ayudarle-.

-Está bien, que venga con nosotros, ahora es semimaterial, nos puede echar una mano, te agradezco que me hayas devuelto el medallón- diciendo esto, se lo volvió a poner en el cuello- creo que tu voluntad es buena, ven con nosotros a casa de Josu y tracemos un plan para ver como podemos avisar al mundo Elemental y contactar con las hadas y el resto de compañeros para parar esta hecatombe que nos acecha-.

Antoine rompió el círculo de sal y alzando las manos le dijo al Duende: - Duende, no oses engañarnos, ahora eres parte de esta misión, si lo haces, tu destino sera peor que aquel que va al infierno- tomó un puñado de al y le espolvoreó- ahora estás sujeto por la sal sagrada, la tierra te toma, tu voluntad ahora pasa por mi juicio, quedas sujeto a mí-.

Un hilo de luz salió del Duende y se posó directamente en la mano de Antoine, como si fuera una correa que sujetaba al Duende, entonces este se irguió y sin dudar se puso al lado de Antoine, cogieron las viandas y el carrito de compra y salieron de su casa, no había luz en la calle, era de día pero estaba oscuro, nubarrones con rayos refulgían en lo alto del cielo, el ambiente era como eléctrico, la gente se escondía en sus casa y ni siquiera se veían a los "apáticos", algo estaba por llegar...

Continuará...

 


viernes, 30 de agosto de 2024

UN PASEO EXTRAÑO CAPÍTULO 33

 


 Dejaron todas sus pertenencias en el Salón, en un gesto como de costumbre, Josu encendió el antiguo televisor que había en medio del mismo, tardó unos segundos en dar la imagen en la pantalla, era un televisor de los años ochenta, pero aún funcionaba.

En la pantalla enseguida apareció un noticiario de una cadena nacional, en él se hablaba de que estaban sucediendo extraños fenómenos en todas las ciudades del País, el presentador alertaba de tormentas violentas, oscurecimiento de los cielos de forma inusual, una extraña epidemia de apatía que estaba afectando a la gente, los niños ya no reían, estaban asustados en sus casas, los adultos se silenciaban y ejecutaban sus tareas como si fueran zombis, nadie entendía nada.

Los hospitales estaban colapsados por gente que aún podía hablar llevando a sus familiares, los médicos también caían en la apatía, los funcionarios de igual forma desatendían sus tareas y todo derivaba en un caos, los coches no circulaban, parecía que la gente había olvidado conducir, salían por la calle en silencio y erraban hacia lugares que ni siquiera tenían sentido para ellos, buscaban solo ir de aquí para allá sin un control ni conocimiento, el caos se estaba apoderando de las ciudades.

El cielo azul se estaba tornado amarillento, grisaceo, las nubes negras iban cubriendo las montañas, el ambiente se sentía cargado de negatividad, la gente que no estaba afectada permanecía en sus casas para intentar no contraer esa extraña epidemia, pero iba avanzando.

Se reportaban avistamientos de luces extrañas en los montes y en el cielo, de criaturas oscuras en las calles por la noche, la policía estaba quedando inoperativa, las autoridades iban cayendo en la apatía y en un silencio caótico, parecía que había llegado el final de los tiempos.

Los cuatro amigos se quedaron pasmados frente al televisor, no sabían que decir, Josu miró a Antoine, Xena y Tía Paua les miraron,¿ qué estaba ocurriendo?-

¿Tendría algo que ver su huida del Bajo Astral con este evento tan nefasto que se estaba desarrollando de forma tan extraña? Debían averiguarlo.

Miraban por la ventana y todo sucedía tal y como la televisión estaba contando, el cielo se oscurecía con un negro amarillento, la gente salía de sus casa en completo silencio, sin rumbo aparente, errantes, daba escalofríos ver este panorama, ciudades sin coches, en silencio y sin sentido, no lo podían creer.

- Tengo el presentimiento que esto es obra de algo muy oscuro- dijo Tía Paua, - ¿Qué piensas tú, Antoine?-.

-Estoy contigo, Lola, presiento negatividad muy alta en el ambiente de este pueblo, además la televisión dice que es a nivel nacional, algo muy gordo debe de haberse colado a este mundo para provocar esta hecatombe, quizás al liberar a Xena hallamos despertado algo terrible que nos ha seguido a esta dimensión, en teoría solo cruzamos nosotros la puerta de la Estigia, pero no sé que más pudo hacerlo, estaba todo muy confuso-.

Josu estaba entrando el equipaje de Xena y Tía Paua a las habitaciones, el silencio era sepulcral, ni siquiera ellas hablaban en voz alta por si podían oírles.

Xena se quedó pensativa mirando a sus compañeros y dijo:- Estoy empezando a ver imágenes de lo que ocurrió en el Bajo Astral, he perdido mi condición elemental, pero aún siento una conexión con la misma, ahora mis "poderes" están en manos de un ser maligno femenino, creo que es lo que los antiguos denominaban "Daemon", un espíritu oscuro creado por la maldad intrínseca del hombre, en este caso de las mujeres, pues es femenina, con esta condición que me ha robado, junto con sus poderes puede atravesar el fino velo de la realidad elemental a la vuestra, que ahora también es la mía-.

-Además puede dejar pasar a los Seres Sombra, Duendes, espíritus burlones, poltergeist, larvas astrales y otros seres que ni siquiera conocéis, creación de la tremenda maldad que la humanidad ha ido acumulando durante siglos-.

-He visto en mis pensamientos mientras veníamos a esta casa, imágenes de la huida de mis hermanas hadas hacía lo profundo de los pocos bosques que quedan, huyen de la oscuridad que las está matando, además me han advertido que ahora hay seres peores que los que nos hemos enfrentado en el Bajo Astral, han cruzado el umbral de la Oscuridad antimaterial, me han hablado de los Seres Elementales Oscuros, ellos son los que están provocando este caos y negatividad en el mundo-.

-Se está desatando la Entropía Elemental, si ellos nos destruyen todo se desbaratará, las Ciudades Elementales están en peligro, sin nuestra gente la Naturaleza sucumbirá y moriremos todos para siempre, sin poder reencarnar y seguir la rueda de la vida, si ellos nos desplazan, todo acabará, la oscuridad nos destruirá y a ella misma también, vendrá la nada-. 

Todos se quedaron boquiabiertos, no sabían ya que decir, Xena se puso a llorar, anhelaba sus alas y su magia, a sus hermanas, su belleza.

Josu la abrazó y la consoló, Tía Paua fue a la cocina a traerle un vaso de agua, ahora se iban a enfrentar a algo nunca visto, totalmente desconocido, tenían que protegerse.

Como en un destello de lucidez, Antoine cogió la sal que llevaba en la mochila y se puso a sellar puertas y ventanas con la misma, conjurando la bendición de la misma para protegerse de la oscuridad que acechaba.

Tía Paua cogió hierbas e hizo un sahumerio para limpiar la casa de malas energías, Xena se puso a limpiar junto con Josu, de momento se quedarían un tiempo descansando en esta casa, debían buscar víveres y aprovisionarse, debían contactar también con el Reino Elemental para ver que podían hacer, Antoine ahora tenía la capacidad de entrar el él, pero aún no sabía como, su madre no se le llegó a explicar del todo.

Seguía el silencio en la calle, ellos permanecían en el Salón, se trajeron los colchones de las habitaciones para dormir todos juntos, Antoine trazó un círculo de sal alrededor de ellos para protegerse, junto con conjuros de autodefensa psíquica que enseño a todos. 

Josu y Antoine decidieron ir a coger comida en su casa, pues recordaba que había hecho la compra antes de empezar esta aventura, parecía haber transcurrido una eternidad y en realidad no había pasado más de dos días desde que entraron en la Ciudad Elemental.

Iban huyendo de la gente, todo estaba en silencio, no había tráfico, ni policía ni nada, solo gente errante, chocando entre sí, entrando a las tiendas y saliendo con bolsas vacías,nadie hablaba, era un panorama apocalíptico, pero silencioso y oscuro.

Transitaron por varias calles, Josu entonces cayó en la cuenta y dijo: - ¿Antoine, por qué no caemos nosotros en ese trance oscuro también?-.

- Ahora que lo dices, es verdad, esto parece ser algo que se transmite, esperemos que no nos afecte, igual el haber salido del Bajo Astral bebiendo el agua de la fuente Estigia tenga que ver algo-.

- No lo sé- dijo Josu- pero espero que seamos inmunes, sería terrible el sucumbir a esta oscuridad, debemos encontrar la forma de parar esta locura-.

Llegaron a las afueras del pueblo, entraron al edificio de Antoine, estaba la puerta abierta, sacó las llaves y sigilosamente entraron en su casa.

Todo parecía estar en orden, se dirigieron al frigorífico y la pequeña despensa que tenía en la cocina, los alimentos estaban allí, pero se sentían extrañamente observados y no sabían el por qué.

CONTINUARA...


martes, 27 de agosto de 2024

UN PASEO EXTRAÑO CAPÍTULO 32

 


 Josu cogió en brazos a Xena, ella lo miraba extrañada, su cansancio era extremo, apenas podía ponerse en pie, por eso optó por dejarse ayudar por aquellos "desconocidos".

Anduvieron unos veinte minutos, Antoine con las mochilas y Josu con Xena, optó por subirla a su espalda para poder llevarla mejor, Antoine le colocó bien la chaqueta para tapar su desnudez y poco a poco llegaron a la puerta de la cueva de Tía Paua.

Antoine tocó tres veces en la misma, parecía que no había nadie, el silencio se podía cortar con un cuchillo de lo denso que era, ni siquiera se oía el sonido de la brisa en los pinos, era de madrugada, era extraño no oír ningún sonido de ave nocturna, ni aire, nada.

Los segundos transcurrían lentos, nadie habría la puerta, pasó un minuto y empezaron a sospechar que no iba a abrir nadie, pero de repente, un ruido en el cerrojo de la puerta seguido de un pequeño movimiento de la misma delataron que había alguien detrás de la misma.

Al girar el cerrojo la puerta se abrió lentamente, no se veía a nadie abrirla, cuando estuvo abierta en la mitad de su recorrido, una mano de mujer, con restos de sangre se vio cogiendo la manivela de la misma.

Rápidamente Antoine la abrió, justo en el momento que Tía Paua, también llamada Lola, se desplomaba encima de nuestro amigo, iba con la ropa destrozada, la cara ensangrentada con moratones en la misma, las manos llenas de cortes supurando sangre, estaba malherida.

- ¡Lola!, ¿qué te ocurre? ¿qué te han hecho?- dijo Antoine.

Josu, con Xena encima de su espalda hizo un movimiento para dejarla en el suelo de la forma más suave posible, con la cara desencajada por el espanto de la visión del estado de Tía Paua intentó ir a ayudar lo más rápido posible.

Antoine la sujetaba por la cabeza, estaba tendida, intentado balbucear, sin fuerzas, no se le entendía lo que decía, parecía estar muy afectada por la tremenda paliza que le habían dado.

-Descansa, Tía Paua, estamos aquí para ayudarte, vamos a curarte las heridas- dijo Josu-¡Qué bien nos vendría ahora Gimmi!-.

Antoine cogió las mochilas, entraron los tres en la casa; Xena se sentó en la cama de Tía Paua, no comprendía nada, pero estaba horrorizada por el dantesco panorama que tenía delante.

Tía Paua estaba tendida en el suelo, intentaron levantarla, le dolía todo. Pusieron unas sábanas que encontraron en un armario encima de la cama y sentaron a Xena en un sillón que había al lado.

Calentaron agua, con trapos intentaron limpiar las heridas de la curandera, ella permanecía con los ojos abiertos, estaba en shock, parecía no poder hablar.

Con paciencia la lavaron, le curaron las heridas con ungüentos que encontraron en las estanterías, Antoine conocía algunos que servían para curar, pues no llevaban antisépticos ni vendas.

La casa no parecía desordenada ni con signos de haber sido allanada por ladrones o maleantes, todo parecía estar en su sitio, por eso estaban muy extrañados del estado de Tía Paua, era todo muy raro.

Le cambiaron la ropa y la dejaron descansar, Antoine estaba muy preocupado, no sabía que podía haberle pasado, nadie en su sano juicio pegaría a una anciana perdida en lo profundo de la sierra, su sexto sentido le decía que esto no era una acción humana, pero no quiso decirle nada a Josu.

Después de atender a Tía Paua, buscó ropa de mujer en los armarios de la cueva, encontró varios vestidos de jovencita en uno de los mismos, parecían ser de hace décadas, olían a naftalina pero era mejor que nada paa vestir a Xena.

Xena pudo incorporarse con ayuda de Josu, seguía extrañada, pero la situación que había con Tía Paua le hizo confiar en "los desconocidos", se metió a una pequeña habitación donde estaban los utensilios de aseo, junto con una jarra de agua y jabón que encontró en la cocina, se pudo asear y ponerse uno de aquellos vestidos.

Salió del cuartito y Josu quedó maravillado al verla con ese traje azul, de los años setenta, pero le paraba que ni hecho a medida, ella a pesar de su desconfianza se ruborizó, pero pronto se pusieron a atender a Tía Paua, querían ver si podía decirles que había pasado.

Xena les preguntó:- Me suenan vuestras caras, sé que os conozco, pero mi mente está nublada, ahora mismo estoy muy confundida, hace nada yo era un hada, tenía mis alas, podía volar, podía desaparecer, obraba magia en la naturaleza, en la noche, ahora tengo un cuerpo que no reconozco, no puedo hacer nada de lo que hacía antes, apenas me puedo tener en pie y no os reconozco. ¿Por favor, me podéis decir que ha pasado?.

Josu dejó de atender a Tía Paua, Antoine estaba con ella, se acercó a Xena y le dijo: - Lo que te voy a contar no es fácil de asimilar, ha sido terrible la situación que has vivido y no recuerdas, voy a empezar desde que atacaron los Duendes en vuestra cueva de la montaña Tumular-.

Josu le contó con pelos y señales todo lo que había pasado, su secuestro, su transformación por la posesión de la Daemon, la lucha contra los Duendes y los Hombres del Sombrero, El Arconte, la batalla para salir del Bajo Astral, todo...

Xena se quedó de piedra al saber toda la verdad, las lágrimas brotaron de sus ojos enrojecidos por la rabia y la tristeza de haber perdido su condición elemental, no concebía el ser humana, siempre había querido saber como era serlo, pero nunca imaginó que lo iba a experimentar en carne propia, nunca mejor dicho.

-Xena, no te preocupes, te vamos a ayudar, soy Josu, sé que me recuerdas, estaba en el banquete antes de que atacaran los Duendes, lo estábamos pasando bien, Antoine es el hijo de vuestra hermana Brigitte, gracias a él y sus poderes hemos podido salir de donde te tenían secuestrada, en la dimensión del Bajo Astral, hemos tenido una aventura increíble y muy dura, poco a poco recordarás-.

Antoine seguía cuidando a Tía Paua, ahora tenía los ojos cerrados, estaba respirando tranquila, dormía, o por lo menos eso parecía.

Transcurrieron una horas, pronto amanecería, optaron todos por descansar y cuando se despertaran, si estaba mejor nuestra curandera , le harían preguntas, estaban intranquilos, querían saber que había pasado.

Xena se durmió en el sillón de al lado de la cama, Antoine en una silla a los pies de la misma, Josú optó por sentarse en la puerta a vigilar, pero cayó rendido apoyado en la pared.

Se despertaron cuando el Sol entraba por una de las ventanitas de la cueva, serían alrededor de las nueve de la mañana, se oía el trinar de los jilgueros, de los verdecillos y los pinzones, la luz entraba fuerte e iluminaba toda la estancia de la cueva.

Abrieron los ojos y Antoine, con estupefacción, se dio cuenta que Tía Paua no estaba en la cama, ¡había desaparecido!, Josu había despertado y miró también al sillón donde había dormido Xena y tampoco estaba, ¿qué estaba pasando?, ¿donde habían ido?.

Los dos se levantaron nerviosos, agitados, no se creían esta nueva situación,  la noche anterior tenían malherida a Tía Paua, ni siquiera se podía mover, Xena estaba exhausta, tampoco podía apenas andar, ahora no estaban, era algo fuera de su comprensión, pero la realidad les daba en la cara, las dos mujeres no estaban.

Salieron fuera de la cueva, miraron por los alrededores de la misma, no veían a ninguna de las dos, la mañana estaba crecida, serían alrededor de las diez de la mañana, hacía un día espléndido, no estaban seguros que mes era, habían pasado tantas aventuras que recordaban estar en el mes de junio cuando entraron por primera vez en la dimensión elemental, ahora no sabían ni en que día estaban ni que mes, pero su mayor preocupación era encontrar a Tía Paua y Lola, saber que había pasado y hablar con ellas.

Fueron andando dando voces, llamando a las dos mujeres, no había nadie por aquel lugar, como siempre, estaba solitario, llegaron a un claro en una pinada y en silencio intentaron escuchar a ver si alguna de ellas contestaba.

No oían nada, solo el trinar de los pájaros, la brisa en los pinos y sus pasos en la tierra seca de la Sierra. 

Salieron del claro transcurridos unos minutos y se dirigieron hacía un pequeño monte que había cerca de la cueva de Tía Paua, lo subieron y en una vaguada cercana, sentadas en una piedra estaban sentadas Xena y Tía Paua, con los ojos cerrados, en posición de meditación.

El Sol les daba de pleno, parecían resplandecer en aquella bonita mañana en medio de aquella vaguada, se habían colocado justo en el medio de la misma que era donde en esos momentos daba la luz de nuestro astro.

La imagen era celestial, mariposas de bellos colores revoloteaban alrededor de ellas, Tía Paua parecía estar bien, no tenía signos de sangre, ni de golpes tal y como la habían encontrado la noche anterior, hacía unas horas, estaban realmente sorprendidos.

Se acercaron sigilosamente, Antoine llamo a Tía Paua con un susurro delante de ella, parecía no reaccionar, Josu se acercó también a Xena e hizo lo mismo, pero las dos seguían impávidas, como si estuvieran en un trance, nuestros dos amigos desconcertados decidieron no molestarlas hasta que quisieran moverse.

Se sentaron en una roca que había al lado y mirándolas fijamente, sin hablar entre ellos esperaron una media hora.

Tía Paua empezó a mover la cabeza, los brazos, estiró las piernas, sin abrir los ojos, hasta que por fin los abrió y se desperezó con una sonrisa.

Xena comenzó a hacer lo mismo, pero más lentamente, parecía que aún le faltaban fuerzas para hacer movimientos rápidos, pero se desperezó de la misma forma; las dos abrieron los ojos a la vez, miraron a su alrededor y sonrieron a Josu y Antoine.

- ¡Queridos Josu y Antoine!, no sé como daros las gracias por haber venido anoche a mi cueva, estaba realmente mal, vuestros cuidados y gracias a Xena he podido recuperarme, sucedió algo terrible, casi no lo cuento-.

-Hola Josu, hola Antoine- dijo Xena- ahora ya sé quienes sois, Tía Paua me lo ha explicado, anoche ella estaba muy mal, cuando me senté en el sillón me puse a mirarla, inexplicablemente comencé a oír una voz en mi interior que me decía que le impusiera las manos por todo su cuerpo, era un voz conocida, pero en mi confusión mental no supe reconocerla hasta que hice lo que me decía-.

-Rápidamente me levanté, la energía volvía a mi cuerpo, me sentía extrañamente bien, hice lo que la voz me decía, veía el aura languideciendo de Tía Paua, le impuse las manos y una energía blanca salió de mí, inundando todo el cuerpo de ella, poco a poco sus heridas iban cicatrizando, su piel recobraba el color, sus moratones desaparecían, tenía la misma sensación que cuando obraba la magia en la naturaleza, por lo visto tengo energía curativa, cuando acabé recordé la voz, era mi hermana Ari, ella me guió en este proceso, Tía Paua había sufrido mucho, pero le he restablecido. Vuelvo a ser Xena, pero cambiada, siento haberos hecho todo lo que os hice, gracias por rescatarme-.

Antoine se quedó maravillado al oír el relato de Xena, Josu estaba prendado de verla tan bien, los dos estaban contentos de ver a Tía Paua bien, ahora solo quedaba que les contara que es lo que había pasado, pues si ellos no hubieran vuelto probablemente estaría en una situación crítica.

-Lola, por favor, dinos que pasó ayer para que estuvieras en ese estado tan deplorable y mortal- dijo Antoine-.

-Verás Antoine, ayer contacté con el hada Ari, quería saber de vosotros, ella me contó todo lo sucedido en su cueva, me quedé horrorizada, también me advirtió que tuviera cuidado, se habían liberado entes muy peligrosos que rondarían en esta dimensión, aún no sabía que habíais podido escapar del Bajo Astral, pero yo tenía el presentimiento de que lo habías hecho, una premonición me vino y se lo dije, ella me comentó que iban a emigrar, que cuando pudieran contactarían conmigo para decirme que estaban bien, pero habían sido descubiertas y era muy peligroso seguir allí, ya sabía el Mal donde encontrarlas-.

-Después de hablar con ella sentí un escalofrío en la espalda, serían las doce de la noche, una hora un poco crítica, pues los Seres Oscuros rondan en esas horas, creí escuchar murmullos en el exterior de la cueva. Me asomé con precaución, entonces a lo lejos vi dos figuras humanas que venían hacia mi casa.

Algo me advirtió que cerrara la puerta y cogiera un palo para defenderme, me daban muy mala espina, cuando se acercaron a un par de metros de la puerta, miré por la ventanita y vi que eran los guardabosques que siempre venían a visitarme cada mes, pero no me inspiraron tranquilidad como siempre, además, ¿qué hacían a estas horas perdidos en la Sierra?, no tenía lógica.

Me llamaban a voces;- ¡Tía Paua!, abre, ¡tenemos que hablar!,- por supuesto, no abrí, pero ellos con los ojos encendidos en ira, con un color oscuro, como nunca se los había visto echaron la puerta abajo, se abalanzaron sobre mí y me golpearon como nunca nadie lo había hecho; me preguntaron por vosotros, qué donde estabais, que les dijera que pasaba con el mago y el sensitivo, hacían muecas con la boca terribles, estaba muerta de miedo, de dolor y como pude me defendí, pero ellos eran fuertes, intenté llegar a la estantería de la cocina donde tengo mis hierbas, no sé como me escabullí de los dos, estaban pateándome, dándome puñetazos y rasgandome la bata que llevaba; pude coger un bote de unas especies parecidas a la pimienta, muy fuerte, que si se esparce dificulta el respirar y hace que se obstruyan las fosas nasales y enrojezcan los ojos hasta la ceguera, abrí el bote y les tiré a la cara un puñado a cada uno, empezaron a convulsionar, se apartaron, luego cogí una jarra con agua, se la tiré y entonces si que su comportamiento fue increíble, se agarraron la cabeza moviéndola de forma convulsa hasta estamparse con la puerta, todo pasó en unos segundos, ni siquiera llegaron a entrar en la cueva, todo ocurrió en la puerta, al lado de la cocina, fue muy rápido, pero muy doloroso para mí-.

-Estas dos "personas", por decir algo, huyeron entonces, pero a mí me habían malherido, poco después, como un milagro, llegasteis vosotros, con gran esfuerzo os pude abrir, me desplomé y no recuerdo nada más que ver el rostro de Xena, la luz que la irradiaba y sus palabras en el idioma de las hadas que me hacían tanto bien-.

-Amaneciendo, recobré las fuerzas, Xena me invitó a que saliéramos al exterior, vosotros estabais dormidos, no quisimos despertaros, me sentía muy bien, Xena estaba también restablecida, andamos hacía la vaguada y nos sentamos a conectar con la Madre Tierra, sentíamos que debíamos hacer eso para restablecernos del todo, por último os vimos al acabar de meditar, pero no sé quienes eran aquellos tipos y porqué os nombraron-.

Josu se quedó pensativo, ayudó a Xena a incorporarse, Antoine hizo lo mismo con Tía Paua.

-Volvamos a la cueva, es posible que quien te haya atacado se un esbirro de los Hombres del Sombrero, seguro que han atravesado el Bajo Astral para venir a esta dimensión a intentar recuperar su botín, no van a parar hasta que lo consiga, seguro que quienes te han atacado son doppelgangers , los que copian a nuestros conocidos para intentar embaucarnos y hacernos daño mediante la confianza que les tenemos, has tenido mucho coraje y mucha suerte, Tía Paua, espero que no sepan que estamos aquí de nuevo-.

-No le dije nada, Antoine, mi silencio fue absoluto, me hicieron mucho daño, pero no hablé, puede escapar gracias a mis hierbas y especias, la suerte también estuvo de mi lado, pero ahora debo irme de aquí, ya saben donde estoy, volverán seguro-.

-Xena, espero que tú estés bien, a pesar de todos los cambios que has sufrido- dijo Josu-.

-Si, ahora estoy bien, he comprendido que soy humana, Tía Paua me ha explicado que posiblemente estaba destinada a ello, por eso tengo que aceptar mi actual condición, pues posiblemente mi misión en esta dimensión sea algo que ni siquiera podría soñar, espero que me ayudéis, Josu, Antoine, ahora solo os tengo a vosotros, también a Tía Paua, pero me da miedo afrontar esta nueva experiencia, sé que aún tenemos que volver a contactar con mis hermanas y el Mundo Elemental, esto no ha acabado-.

-Tenemos que volver al pueblo, debemos escondernos de estos seres todo lo que podamos, Gimmi me dijo que contactaría conmigo para volver a su dimensión, hablar con el Fauno e intentar completar nuestra misión, recoger su mensaje para darlo a conocer, además tendremos que intentar encontrar a nuestros iguales, a quienes han contactado con los elementales para la misma misión, juntos podremos hacer algo, debemos parar la destrucción del Mundo Elemental y por ende del nuestro, somos David contra Goliat, pero podemos hacerlo amigos- dijo Antoine exaltado-.

Josu dijo entonces: -Mis padres tienen una casa en el pueblo que está cerrada, nunca van, pues son mayores y están pensando en venderla, allí tengo mis cosas, siempre voy a limpiarla, la cuido y tengo algunos muebles que he ido recogiendo de amigos que no los querían para adecentarla un poco, podemos dejar a Xena y Tía Paua allí escondidas y cuando sepamos como ponerlas más a salvo las llevaremos donde corresponda, de momento allí estarán bien, hay agua y luz, podremos llevarles todo lo que necesiten, pero lo mejor será que vayamos por la noche para que nos vean lo menos posible, este pueblo está lleno de chismosos-.

Xena y Tía Paua estuvieron de acuerdo, prepararon todo el equipaje y lo cargaron en un carro que tenía en un cobertizo para poder llevarlo todo al pueblo, lo usaba para cargar las hortalizas que cultivaba en su pequeño huerto, donde también crecían sus hierbas curativas.

 Salieron por la tarde, querían que se les hiciera de noche para llegar al pueblo, tardaron bastante porque tenían que arrastrar todo el equipaje, Josu iba delante para ver si había alguien por los caminos, pero extrañamente no se encontraron con nadie, la verdad es que el silencio, a pesar de los sonidos nocturnos de los animales de la Sierra y alrededores era extraño, también el no encontrarse a nadie.

Llegaron al pueblo y no vieron coches, no veían gente, no había movimiento, algo estaba pasando, no era normal, cruzaban calles y calles para llegar a la otra punta de donde entraron, donde estaba la casa de los padres de Josu, pero no veían a nadie, no había gente, de repente en una calle aparecieron tres personas, iban cabizbajas, sin mirarlos, Josu quiso preguntar a una de ellas sobre el porqué de tan poca gente en el pueblo, ni siquiera se inmutó, siguió su camino, su rostro estaba oscurecido, los otros tres igual, desaparecieron por una esquina; algo había pasado en el pueblo, tenían que ver que ocurría.

Empezaron a ver gente, pero toda iba cabizbaja, no se miraban, los rostros estaban compungidos, con la mirada vacía, parecían zombis, pero no atacaban ni se miraban entre ellos, iban erráticos, como si los dirigieran en una "normalidad" extraña, entraban a las tiendas, compraban, nadie usaba el coche, todo era anormal, nadie hablaba.

Tía Paua dijo:- Algo ha pasado en este pueblo, detecto energía maligna en el ambiente, esto no es normal, Josu, Antoine, debemos ir a tu casa para dejar el equipaje y refugiarnos, tengo un mal presentimiento, creo que Xena puede estar en peligro si seguimos expuestos y vosotros también.

Antoine y Josu estaban asustados, iban deprisa, llegaron a la calle donde estaba la casa de los padres de Josu, este sacó la llave y con prisa entraron todo el equipaje, encendieron la luz y lo llevaron todo al salón. Aquí parecían estar seguros, pero debían averiguar que es lo que estaba pasando, esto parecía ser algún maleficio que se había colado del bajo Astral, pero ¿qué seres tan poderosos podrían haber influido en tanta gente a la vez y además, en esta dimensión, en la que apenas podían permanecer poco tiempo?.


CONTINUARÁ...